Malena como ninguna
Sicilia, 1940. Italia decidió apoyar a Hitler y en ese contexto las huestes fascistas marchan al paisaje de batalla. Pero aún así la vida y sus incidentes cotidianos continúan en esa ciudad de Palermo revisitada por la lente y la inquietud histórica, revisionista de Giuseppe Tornatore: las miserias privadas y colectivas de los pobladores quedarán fijados en el paso demoledor y sensual de Malena (una bellísima Mónica Belluci), una mujer hija de un profesor sordo y cuyo marido marchó a la guerra.
Todos suspiran, todos quieren «levantársela», mientras el resto de las mujeres por envidia comienzan a tejer historias de amantes alrededor de esa beldad siciliana, más aún cuando le comunican la muerte de su esposo y viuda, pues, parece desprotegida ante el aparatoso apetito masculino.
Desde Cinema Paradiso, su ópera prima y su mejor filme a la fecha, Giuseppe Tornatore posee un estilo inconfundible de narración: el relator en off reaparecerá en Malena (un joven que vive montado a su bicicleta, de familia antifascista y que se enamora perdidamente de la mujer) con una voz temblorosa y susurrante, así como los trazos netamente evocativos que permiten que el cineasta se coloque deliberadamente en la memoria emotiva de un país turbulento, pasional y de contradicciones varias, como el festejo multitudinario al cierre del metraje cuando las fuerzas aliadas ingresan victoriosas a la ciudad. Si antes, mayoritariamente batieron las banderas negras del fascismo, ahora son los pañuelos blancos de la gran bulliciosa victoria aliada.
Podría encuadrarse a Malena, entonces, como un enfoque al paso de aquellos tiempos de guerra donde escasearon alimentos y ocurrieron otras tantas calamidades.
La mirada histórica de Giuseppe Tornatore se limita a constatar esas fluctuaciones desde un costado ideológico porque, más que nada, le interesa ese primer amor que despierta en un adolescente de pantalones cortos una viuda con un cuerpo despampanante.
De hecho el filme podría ser una especie de variación de Verano del 42, con la diferencia de que en Malena no habrá consumación sexual entre el jovenzuelo y esa mujer arrastrada a un sitio en penumbras por la presunta muerte de su marido, su posterior cartel de viuda y puta y finalmente su reacción frente al fascismo cotidiano a convertirse en una de las madonnas de los oficiales nazis, algo que hace como terrible ironía (autodestructiva) contra los dichos vulgares del pueblo.
Tornatore compone ambientes regocijantes y cálidos, en ocasiones ríspidos, pero inevitablemente desde el lugar de la ternura. Evocar. Recordar larga, extensamente, sin dejar detalle librado a los cuatro vientos es como si el cineasta hubiese nacido viejo.
Porque Malena es una comprobación de que hay un narrador con dotes, pero que vive colgado del pasado y que esa sensación se transmite a los ritmos, a las pausas, a la paisajística, a los modos de los personajes.
Menor en su resolución, la película posee sin embargo grato rendimiento actoral, algunas secuencias donde el humor predomina y gana la partida y sobre todo posee una estupenda banda sonora de Ennio Morricone que tal vez mereció el Oscar, aunque eso ya sea historia.
Puede verse.
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