Falleció Ariel Ramírez, un pilar del folclore de América Latina
La pérdida del destacado compositor de música popular se suma a la de la cantante Mercedes Sosa ocurrida en octubre pasado y a la del historiador Félix Luna, en noviembre.
La dupla Ramírez-Luna le dio a la música argentina y al mundo un repertorio excepcional, que incluye los clásicos Alfonsina y el Mar, Dueño antiguo de las flechas (Indio Toba), Cantata Sudamericana, Los Caudillos y Mujeres Argentinas, entre otras creaciones.
En una carrera vastísima y abierta a nuevos ritmos, durante cuarenta años Ramírez incorporó cantantes y músicos de relevancia, como Lolita Torres, Mercedes Sosa, Eduardo Falú, el charanguista Jaime Torres o el percusionista Domingo Cura.
El pianista y compositor, uno de los impulsores de la Sociedad de Autores y Compositores de Música (Sadaic), había nacido el 4 de setiembre de 1921 en la ciudad de Santa Fe, donde estudió piano y se recibió de maestro.
Influenciado por músicos como Atahualpa Yupanqui, maestros del folclore y su estadía en Humahuaca, Jujuy, noroeste del país, Ramírez grabó en 1946 sus primeros discos, con la zamba La Tristecita, el bailecito Purmamarca y Malambo. En su primer viaje a Europa, en 1950, se radicó en Roma, en el «Instituto Italo-Argentino per gli Scambi Culturali ed Artistici», y durante cuatro años interpretó música argentina y sudamericana en las Universidades de Barcelona, Santander, Roma, Cambridge, Utrecht y Amsterdam.
Actuó como invitado de la Cameratta Musicale Romana en el Palacio Marignolli y ofreció recitales en Viena, Hamburgo, Madrid y la BBC de Londres. En 1954 se estableció en Lima, Perú, donde aprendió los ritmos locales con la compositora y pianista Rosa Mercedes de Morales, y fue nombrado miembro del Instituto Sanmartiniano de Perú. En reiteradas ocasiones paseó su repertorio en países de la región, como Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, México y Uruguay.
En su natal Santa Fe estudió piano y luego de obtener su título de maestro de escuela, decidió dedicarse a la música. En la década de los años 40, se radicó en Córdoba donde conoció a Atahualpa Yupanqui, que lo impulsó a recorrer las provincias, que sirvieron de inspiración para su expresión musical.
En 1943, iniciada ya su carrera de intérprete folclórico, se presentó por primera vez en Buenos Aires, participó en varios ciclos radiales y comenzó a grabar discos con la compañía RCA.
Ramírez murió el jueves por la noche a los 88 años por un cuadro de neumonía agravado por un problema renal, aunque padecía hace algunos años del mal de Alzheimer.
Por decisión de sus hijos, sus restos son velados en el Congreso Nacional, como sucedió en octubre de 2009 con Mercedes Sosa y en enero con Sandro, y serán enterrados en el cementerio de la Chacarita, en el panteón de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), que presidió por cinco períodos.
El pianista y también compositor Facundo Ramírez, su hijo, pidió ayer recordar a su padre «por sus canciones, sus obras y su hombría de bien». «Uno nunca se resigna a perder un ser querido pero íbamos viendo que papá se iba apagando.
Por ahí ahora las palabras están de más y los sentimientos van a lo más íntimo, pero creo que él dio todo por la música folclórica argentina y así pienso que hubiese querido que se lo recuerde», dijo a la agencia Télam. «Es un día triste para la música argentina porque Ariel fue un caballero con todas las letras y nos deja grandes composiciones para el cancionero popular que se mantienen vivas con el paso del tiempo», afirmó a la misma fuente César Isella, autor de «Canción con todos». «Tuve el honor de compartir escenarios, grabaciones, pero más que un trato de colegas, teníamos una amistad que se fue gestando a través de los años», agregó el cantautor, antes de partir hacia Chile a participar en el Festival de Folclore de Viña del Mar.
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