Cultura y gestión
Su visita a Montevideo la pasada semana surge de una invitación del IDES (Instituto de Investigación y Desarrollo) y tiene como fin, entre otros, realizar una primera aproximación de parte de Unesco a la experiencia conocida como «Observatorio Cultural de Montevideo» que esa institución viene desarrollando en coordinación con el Departamento de Cultura de la IMM.
Expresándose en perfecto español, Kovacs explicó los dos motivos concretos de su llegada al Uruguay: «En primer término, dialogar sobre la planificación a largo plazo de políticas culturales municipales y en segundo para exponer un estudio sobre la prevención de la VIH Sida desde un enfoque que contempla la esencia cultural de los comportamientos ante la enfermedad, como forma de poder elaborar una prevención efectiva».
–La idea de cultura y, por ende la de gestión cultural, se ha ido modificando en las últimas décadas a nivel de las ciencias sociales, ¿cual es la definición de Unesco al respecto?
–En la acepción de Unesco, la idea de política cultural no se limita a la problemática de los asuntos culturales en sentido estricto. La política cultural tiene que ver también con las demás políticas que se llevan a cabo en el resto de la sociedad. Tratamos de ver cuáles son las interacciones entre la cultura y las transformaciones sociales, económica y con sectores como la salud.
En términos generales se trata de recoger las experiencias realizadas en distintas partes del mundo, de ver las iniciativas exitosas que pueden ser adaptadas en otros contextos, cuáles son las condiciones de esos contextos. También ver cuáles son las aspiraciones culturales de los habitantes de una ciudad, cuáles son sus prácticas, las posibilidades de satisfacer estas necesidades en el nivel de infraestructuras, en el nivel de acceso a la información sobre las oportunidades que se ofrecen.
–¿Cuál es la relación entre las políticas culturales de un organismo público y el resto de las políticas sociales?
–Las políticas culturales están íntimamente ligadas al resto de las políticas sociales que lleva a cabo un gobierno. De ahí que conjuntamente con el análisis de las experiencias exitosas en materia cultural, es necesario analizar los contextos proporcionados por el resto de las acciones sociales. Hay que analizar si, por ejemplo, las políticas de desarrollo urbano, favorecen o no la concreción de las políticas culturales. Puede darse que la oferta cultural esté concentrada en determinadas zonas de una ciudad y que, por ende, los usuarios de cultura se concentren en ellos. Así, las actividades culturales desaparecen de los otros barrios. Si no existe una política urbana que apunte a solucionar esto, una política cultural en sí misma no va a resolverlo.
–¿Cuál es la función de los observatorios culturales?
–Hay observatorios culturales en varias partes del mundo (en la región, funcionan, además del de Montevideo, uno en Buenos Aires y otro en São Paulo). Su objetivo es observar el funcionamiento y desarrollo de las políticas culturales de las instituciones públicas. En Montevideo, el observatorio coordinado por el IDES y la IMM funciona desde 1999.
–¿Cuál es la situación de Uruguay en el área, respecto al contexto latinoamericano?
–En América Latina hay grandes disparidades: por un lado están aquellos países en donde los gobiernos municipales o nacionales, a partir de la existencia de cierta infraestructura, comienzan a plantearse la necesidad de establecer políticas culturales en el largo plazo. En otros países, por el contrario, la ausencia de esas infraestructuras mínimas hace que los planes para políticas culturales sean sólo planes, o que no estén siquiera planteados por las administraciones.
También se dan casos en donde existe la voluntad de establecer estos planes pero se enfrenta una situación de ausencia de personal calificado o de recursos.
En Montevideo hay una preocupación a nivel de la municipalidad de establecer políticas culturales de largo plazo.
Cuando la iniciativa viene de los usuarios potenciales de la investigación, en este caso la IMM, hay una buena chance de que la investigación se haga realidad.
–¿Cuál es el papel de Unesco en este proceso?
–Actuar como propiciador, como coordinador y facilitador de la relación entre los investigadores y quienes son responsables de la aplicación de esas políticas. Con el apoyo de la Red de Observatorios Culturales (unos 35 a través de todo el mundo) Unesco se plantea recibir y procesar la información que surja de sus observaciones, devolviendo ese input en forma de conclusiones.
Es necesario hacer el inventario de lo que se tiene, hay que evaluar la política cultural que se está realizando, comparar la realidad con esa política cultural, un inventario de los recursos que se disponen y de los que se necesitarían.
Una vez establecido el diagnóstico de la situación cultural concreta, en función de las prioridades y recursos disponibles es cuando se plantea una estrategia a seguir. Creo que nunca se tendrán los recursos necesarios para satisfacer todas las necesidades, entonces hay que hacer una evaluación en el nivel de la viabilidad y la eficacia para ver hasta qué punto se puede llegar. No hay política cultural efectiva si no tiene un fuerte arraigo en la realidad.
En la perspectiva de Unesco, la función de los observatorios es justamente la de generar un análisis continuado de los pasos que se dan en materia cultural, más allá de los cambios de las administraciones.
–Existe cierta visión tecnocrática que asigna el rol motriz de la sociedad al cambio tecnológico y a la eficiencias, ¿cuál es la opinión de Unesco?
–Unesco promueve una visión del desarrollo mucho más amplia que la simple rentabilidad económica.
El desarrollo humano es para nosotros un proceso mucho más complejo que va más allá de que los individuos estén satisfechos en un sentido material, y eso resulta visible en las recientes estrategias de Naciones Unidas que hablan de un desarrollo humano sostenido.
Es en el marco de la cultura que se pueden definir las aspiraciones de la gente. Los recursos económicos son instrumentos para realizar las aspiraciones, que se definen a través de la cultura.
Hay también otro aspecto en lo que refiere a la relación entre cultura y desarrollo: la cultura genera empleos, genera ingresos. No quiero instrumentalizarla, pero es así, es una fuente de empleo importante, no sólo en la gestión, también en sus vínculos con el turismo. En muchas ciudades europeas, el patrimonio cultural funciona como llamador para el turismo, permitiendo a la vez, asentar la identidad de esa ciudad. En Montevideo existen condiciones para desarrollar esa clase de vínculo positivo, tienen una arquitectura interesante, tienen hermosos paisajes y una administración preocupada por el tema.
–A primera vista, se trata de dos problemas de origen diferente, que se mueven en carriles técnicos bien separados: ¿qué tiene que ver la gestión cultural con el VIH Sida?
Hay una definición que la entiende como la utilización racional de los recursos y de las posibilidades para las actividades culturales. Unesco la entiende como las interacciones entre culturas, por ejemplo, en problemas de salud.
Hace ya diez años que se viene llevando a cabo un esfuerzo muy grande en las campañas de prevención del VIH Sida, ya que es a través de la prevención por donde se pueden minimizar los efectos de la enfermedad. Se hicieron campañas en las escuelas, en la prensa, en los medios y luego de varios años, los aplicadores se dieron cuenta
de que el mensaje se escuchaba pero no se tomaba ninguna medida para modificar el propio comportamiento. Es entonces que Unesco le propuso a ONU Sida (el sistema de Naciones Unidas para el sida), hacer una serie de investigaciones para estudiar el problema, cuáles son los valores, las creeencias, los factores religiosos, etcétera, que intervienen en la toma de decisiones sobre el tema. No sólo como obstáculos, también como factores positivos, las culturas tienen capacidad de cambiar para su supervivencia. Así, surgió una serie de factores culturales que es necesario tomar en cuenta para realizar la prevención.
Para ilustrar, creo que podría citar una de las investigaciones que hicimos: en Nairobi, Kenia, se analizó por qué las trabajadoras sexuales de la ciudad no usaban preservativo en las relaciones sexuales, a pesar de las campañas mediáticas desplegadas.
Se averiguó que, tradicionalmente, la sexualidad es un asunto estrictamente familiar y que dentro de la familia, son las tías las encargadas de transmitir a las mujeres las pautas de comportamiento sexual.
Se realizó una campaña de difusión y educación entre las tías y muy pronto los efectos se empezaron a ver en el comportamiento de las trabajadoras sexuales.
O sea, apelando a un mecanismo tradicional, la propia tradición cultural local logró una adaptación de supervivencia.
Esa es la perspectiva de la propuesta que traemos a Montevideo.
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