Estreno. Obra de Jon Fosse, patrocinada por la Embajada de Noruega

El hijo, en el teatro el Galpón

El huésped deseado y quizás temido; algo como la parábola del hijo pródigo, sin final feliz.

En la soledad de su casa en Noruega, lejos del centro poblado y en medio de la noche de seis meses, un matrimonio mayor intenta una comunicación, que se nota muerta antes de empezar, con trivialidades sobre la oscuridad, el tiempo, los escasos vecinos, la temperatura; palabras y silencios que evocan, por acción y omisión, a un hijo ausente, del que no tuvieron noticias los últimos seis meses: toda una aguja en el corazón. Un vecino, marginal y maligno, sostiene, sin pruebas, que el hijo ausente ha estado en la cárcel.

Llega el hijo, nada comunicativo, que sólo al fin, cuando se va luego de una visita que dura unas horas, condesciende a una inconvincente explicación de su ausencia. Los concisos diálogos parecen extraídos del natural; todas las palabras, por lo que dicen y por lo que callan, tienen significación y construyen, línea a línea, un fuerte drama. La conclusión es que no sabemos nada o casi nada de los seres que nos son más próximos, que nos codeamos con el misterio.

El solitario matrimonio sabe poco o nada de su extraño vecino; no sabe qué pensar del hijo; su vuelta al hogar sólo provee un problema y más y mayores perplejidades sobre cuál fue su pasado y qué le aguarda en el futuro; ni los agonistas ni los espectadores sabrán qué ha ocurrido.

Posiblemente nada saben de ellos mismos, porque toda percepción de las almas parece embotada por el hábito, la rutina, el diario vivir. La dirección de Martín Tufró, dentro de una escenografía funcional y sobria de Oria Puppo, va a lo esencial, muestra muy buen sentido de las pausas, el tono de voz y el ritmo de la acción. La interpretación, en la que se destaca Susana Pampín como la madre, realza los méritos de la pieza.

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