El sueño de John Lennon no ha terminado
Cientos de canales de televisión, radios y periódicos anunciaban su asesinato en Nueva York, al pie de su casa, en el edificio Dakota donde vivía junto a su esposa, la artista conceptual japonesa Yoko Ono.
En un primer momento, muchos se resistían a creer la noticia.
El artista fundamental de la revolución musical de los 60, el ícono de la contracultura que contribuyó a darles vida a las utopías de la generación de las flores, el activista que le plantó cara a la guerra de Vietnam y pidió que la paz fuera al poder, había desaparecido para siempre.
El lunes 8 de diciembre de 1980 fue el último día en la vida de Lennon. En la mañana había saludado a los neoyorkinos con un mensaje radial grabado sobre su más reciente disco, «Double fantasy».
El álbum significó su retorno al universo musical y ya se estaba convirtiendo en un suceso de gran resonancia.
En el mismo instante en que se transmitía su mensaje radial, desayunaba en la cafetería de siempre y arreglaba los últimos detalles de la larga jornada que tenía por delante. De regreso al Dakota, accedió a entrevistas telefónicas y recibió en su habitación a Annie Leibowitz para cumplir con una sesión de fotos.
Más tarde, una de esas imágenes, en la que aparecía desnudo besando a Yoko, fue publicada en la tapa de la revista Rolling Stone, una portada que se convertiría después en la mejor de los últimos 40 años según un jurado de periodistas.
Luego salió rumbo a su estudio de grabación. Antes de subirse a su auto, le firmó una copia de «Double fantasy» a un fan que lo esperó durante largo rato. El mismo que esa noche, cuando Lennon regresaba a casa, le disparó cinco balazos.
Así terminaba la vida de uno de los grandes mitos de la década del 60, un artista total, convencido de que todo lo que necesitaba la humanidad era amor.
No le faltaba razón.
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