Veneno

Hugo Acevedo

 

El alma es –más allá de recurrentes discursos filosóficos, científicos o literarios– un laberinto insondable, poblado de zonas oscuras, territorios desconocidos e intransitables al conocimiento humano.

Ciertamente, ningún avance tecnológico por revolucionario o revulsivo que en apariencia pueda parecer, logra superar la complejidad de la condición humana y la imprevisibilidad de las conductas individuales.

Cuando parece que ya lo hemos experimentado todo y nuestra capacidad de sorprendernos está virtualmente colmada, un nuevo e insólito evento nos precipita al insondable abismo de lo desconocido. En ese contexto, la violencia amerita una reflexión particular, por representar un fenómeno que habitualmente excede a nuestra comprensión.

¿En qué momento se produce la fractura emocional que transforma a un individuo aparentemente apacible en un asesino capaz de sembrar el terror? Este interrogante recurrente ha constituido uno de los supremos desvelos de la psiquiatría, la psicología y aun de la sociología.

Sin embargo, como si se tratara de una ironía del destino, no siempre parece haber una explicación para las conductas inexplicables. Tampoco será suficiente con hurgar en el pasado, la infancia, la adolescencia de un homicida o elucubrar académicas tesis, para identificar las fuentes de la violencia.

En «Veneno», el escritor uruguayo Hugo Fontana reconstruye la historia de Jorge Eduardo González («Tapita»), un uruguayo ejecutado mediante la pena capital hace casi dos años en Texas, Estados Unidos.

González, que era oriundo de Toledo igual que el autor, fue acusado de incendiar el Hotel Navarro de San Antonio y matar a veinte homosexuales y lesbianas que allí se alojaban.

Todos los pedidos de clemencia, aun aquellos cursados desde nuestro país por la vía diplomática, resultaron infructuosos. El imputado fue condenado a la pena de muerte y ejecutado por inyección letal, renovando una de las peores tradiciones que aún ensombrecen al sistema judicial norteamericano.

Sin comprender del todo lo que había sucedido el 1º de mayo de 1997, cuando comenzó el camino de «Tapita» rumbo al infierno del patíbulo, Hugo Fontana asumió el desafío de reconstruir la vida de este personaje que terminó prematuramente su existencia ultimado por una combinación de tóxicos inoculados por la jeringa del verdugo.

El escritor pasea su pluma retrospectivamente por los senderos del tiempo, para hurgar en los orígenes de Jorge Eduardo González, con quien compartió tantas vivencias infantiles o juveniles en su Toledo natal.

A medida que avanza el relato, las imágenes van adquiriendo mayor nitidez en la memoria del autor, que recrea al «Tapita» que él conoció en tiempos naturalmente bastante más venturosos.

Fontana imprime a su obra la intensidad de la experiencia propia, recreando las salidas de los sábados a la noche junto a un grupo de amigos, los bailes, las copas y aun las inevitables visitas a los prostíbulos de la iniciación sexual.

También afloran, naturalmente, las postales de los partidos de fútbol en los potreros con toda su aureola de romanticismo y las anécdotas de pueblo chico, que integran el rico mosaico existencial de toda comunidad con identidad propia.

Hugo Fontana despliega ante el lector un vasto fresco costumbrista, para describir el pasado del protagonista de esta historia real, que luego, con el tiempo, se transformaría en un itinerante.

El narrador construye su relato mediante abundantes «flash backs», rompiendo con las fronteras del tiempo y el espacio. Trabaja sabiamente con el contraste entre la apacible juventud del protagonista y su presente quebrado por la angustia, mientras aguarda la muerte en una celda de la prisión de Huntsville, a miles de kilómetros de su suelo natal.

Asumiendo las claves de la literatura de investigación, el autor incorpora a su obra todos los recursos habituales en el género: transcripción de documentos, entrevistas y testimonios.

El creador de «El crimen de Toledo» y otras recordadas obras, reconstruye minuciosamente todo el itinerario del protagonista hasta el fatal desenlace.

«Tapita», a juzgar por los testimonios recogidos en esta historia, emigró inicialmente a la Argentina y luego a Venezuela, para luego radicarse en los Estados Unidos.

Como tantos uruguayos, emprendió la siempre temeraria aventura de la emigración, buscando en lares lejanos el progreso personal que su país le negaba. Regresó a votar en 1984 en los albores de la restauración institucional, pero luego reemprendió el camino del exilio voluntario.

Fontana no se detiene en la mera narración de la peripecia individual del malogrado Jorge Eduardo González, su vida, afectos y sueños.

Incorpora a la historia indispensables ingredientes históricos que sitúan al personaje en su tiempo, transitando raudamente por la larga noche de la dictadura hasta el ansiado amanecer democrático.

Acudiendo a múltiples testimonios y cartas y sin abandonar la estructura novelesca, el autor avanza hacia los tramos decisivos y más traumáticos de la historia.

Describe los escasos esfuerzos de la defensa por salvar al acusado de la pena capital y las infructuosas peticiones de clemencia, que no lograron, naturalmente, evitar el trágico final de «Tapita».

Fontana narra con crudeza los últimos días de Jorge Eduardo González en su celda de la prisión de Huntsville, Estado de Texas, cuyo gobernador era por entonces el hoy presidente de los Estados Unidos, George Bush.

«Veneno» es, obviamente, bastante más que la reconstrucción del trágico epílogo de un uruguayo ajusticiado a miles de kilómetros de su país. La novela, dotada del estilo incisivo que le imprime su autor, se transforma en un auténtico alegato contra la pena de muerte como despiadado método punitivo.

El relato nos confronta también al profundo drama de los exiliados económicos latinoamericanos, que deben abandonar sus raíces y parte de su identidad nacional, geográfica y hasta cultural, en su obsesiva búsqueda de un futuro menos oscuro y desalentador.

Igualmente, la obra escruta los laberintos del alma humana, en procura de develar el misterio de la violencia.

Confirmando que conoce ciertamente los secretos y las claves del arte de narrar, Hugo Fontana construye un relato conmovedor y de trazo costumbrista.

Simultáneamente, propone reflexionar acerca de una materia siempre controvertida como la pena de muerte, aún imperante en países que insólitamente pretenden erigirse en paradigmas de la defensa de los derechos humanos.

(Editorial Océano)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje