EL ULTIMO ENIGMA

En el decurso de la historia, la literatura ha adquirido una indudable dimensión social, transformándose en un poderoso vehículo de aprendizaje y enriquecimiento cultural e intelectual.

Gracias a esta manifestación del arte, conocemos el mundo más allá del testimonio de los sentidos, alimentamos nuestra imaginación, construimos nuestra propia visión de la realidad y desarrollamos el espíritu crítico y la inteligencia.

Sin embargo, la literatura suele también operar como un mero mecanismo de diversión y pasatiempo y hasta como una estrategia evasiva.

En tiempos pretéritos, cuando la tecnología no ostentaba el auge de la era contemporánea, la lectura era la única herramienta de información y de vínculo con el pasado y el presente.

Actualmente, la lectura parece estar asociada ­más que a lo realmente formativo­ a un concepto de pasatiempo liviano y epidérmico, que suele privilegiar lo accesorio sobre lo sustancial.

En este marco, proliferan los libros de autoayuda, que repiten hasta el hartazgo modelos de probada eficacia comercial.

También se consumen, con irrefrenable avidez, subproductos de dudosa calidad que apelan a enigmas, sectas, seres misteriosos, magia y apócrifos héroes de aureola mística.

Esos recursos efectistas, que suelen llenar el ojo apelando a lo presuntamente épico, ocultan la pobreza conceptual y narrativa de las obras en cuestión.

«El último enigma», del joven autor uruguayo Federico Correa, sigue los trillados caminos de productos como la taquillera saga de «Harry Potter», «El señor de los anillos» y «El código Da Vinci», entre otros.

Esta es una literatura lineal, predecible, plagada de lugares comunes, de personajes poco creíbles y, por momentos, hasta inverosímiles.

El escritor elabora un relato en el cual abundan la ingenua candidez adolescente, la tan mentada lucha entre el Bien y el Mal, los malvados de folletín, los héroes invencibles y las infaltables moralejas.

Aunque pueda alegarse que el autor tiene sólo diecisiete años de edad y su escritura es correcta, ello no atenúa la ausencia de ideas originales y lo gastado de los recursos narrativos.

(Ediciones AULI- Amphion)

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