Entre la pedagogía de la vida y la siembra de conciencias libres
En «Lecciones de un maestro», el paradigmático educador Miguel Angel Soler Roca construye su personal cosmogonía sobre los fundamentos intrínsecos de la educación, la sociedad, la política, la economía y su inclaudicable lucha por la edificación de un modelo de convivencia bastante más justo y solidario.
Este libro, que fue editado por la Administración Nacional de Educación Pública en el marco de la Colección de Clásicos de la Educación Uruguaya, recopila artículos y discursos del referente educador.
La obra se distribuyó en todos los centros de enseñanza dependientes de la ANEP, en la Biblioteca Nacional y en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Miguel Soler, que es de origen catalán pero uruguayo por adopción, es un hombre fuertemente comprometido con su vocación, su tiempo histórico y los más acendrados principios del humanismo y la cátedra vareliana.
Durante más de medio siglo, ha contribuido a formar y dignificar al magisterio nacional, en las distintas trincheras y escenarios en los que actuó, desde su temprano comienzo, en 1943, como maestro rural.
En el prólogo de esta edición, el presidente del Consejo Directivo Central de la ANEP, Luis Yarzábal, elabora una emotiva reflexión biográfica acerca de la vida y obra de Soler, desde su épica pedagógica al frente del Núcleo Escolar Experimental de la Mina, en el departamento de Cerro Largo, hasta su crucial aporte a la construcción de modelos de educación solidarios e inclusivos en América Latina y su trabajo en la Unesco.
Yarzábal enfatiza el protagonismo del homenajeado en el ámbito sindical y su participación en hitos fundamentales de la lucha de los maestros por la consecución de sus legítimas aspiraciones.
También destaca su brega por la dignidad y por la defensa de los derechos humanos, en abierto y valiente desafío a la prepotencia de los regímenes autoritarios que asolaron al continente americano en las décadas del sesenta y el setenta.
Como es notorio, Miguel Soler fue expulsado por la dictadura uruguaya. No obstante, durante su exilio, siguió profesando y sembrando su prédica emancipadora.
Obviamente, no soslaya su invalorable aporte, en calidad de asesor honorario de la presidencia del Codicen, así como su crucial participación en la Comisión Organizadora del Debate Educativo, donde volcó generosamente sus conocimientos y experiencias para coadyuvar al parto refundacional del sistema educativo nacional durante el presente quinquenio de gestión.
Este trabajo, de más de cuatrocientas páginas, se inicia con una esclarecedora entrevista realizada en 1995 por el periodista Fabricio Caivano, en la cual Miguel Soler sintetiza las líneas cardinales de su pensamiento pedagógico y eminentemente humanista.
El reportaje, que posee una reveladora riqueza teórica y conceptual, opera como presentación de este trabajo, que es un ineludible material de consulta para el cuerpo docente y, en forma muy particular, para los futuros maestros y profesores.
El capítulo inicial incluye una larga reflexión ensayística del autor acerca de la escuela rural, publicada, en 1987, en la Revista de la Educación del Pueblo.
El texto, que tiene un sesgo histórico, rescata la memoria de experiencias propias y compartidas, acerca las vicisitudes de la escuela pública en el medio rural y la lucha de los maestros por la construcción de un modelo educativo realmente inclusivo.
El testimonio corrobora la dramática pauperización de la población de la campaña uruguaya en la primera mitad del siglo pasado y condena al latifundio, en tanto endémico flagelo y partero de injusta acumulación, pobreza, miseria y marginación.
Este crucial aporte demuele el idílico mito de la democracia uruguaya ejemplar e igualadora, que durante décadas fue funcional al discurso hegemónico del poder de turno.
Este capítulo otorga singular protagonismo al Primer Núcleo Escolar Experimental de la Mina, departamento de Cerro Largo, que, entre 1954 y 1961 y con la dirección de Miguel Angel Soler, se transformó en una experiencia pionera en materia pedagógica, orientada a la formación educativa y humana de la población marginada del medio rural.
La magistral y conmovedora carta de renuncia de Soler que se transcribe textualmente es un auténtico manifiesto de denuncia a la irracional insensibilidad del gobierno de turno de la época, que era detentado por el Partido Nacional.
Evidentemente, los motivos de la virtual eliminación de este novedoso proyecto emancipador de la población rural que fue asfixiado financieramente por el poder fueron obviamente de naturaleza política e ideológica.
El capítulo II incluye tres ejemplares discursos que condensan los grandes desafíos de la educación rural, en los cuales el pedagogo formula sus más firmes y acendradas convicciones en torno a la necesidad de construir un modelo que contemple las más urgentes demandas de la población en materia de aprendizajes, condición sine qua non para la mejora de la calidad de vida y la dignidad.
Uno de los tramos más fermentales de la obra está contenido en el capítulo III, donde el educador denuncia las grandes paradojas y dilemas de la década del noventa del siglo pasado, signada por el auge del neoliberalismo, la desregulación económica, las privatizaciones, el desmantelamiento del Estado, el lapidario peso de la deuda externa, la miseria y la desocupación.
El autor interpela a la realidad, preguntándose «qué clase de civilización es ésta». A partir de este razonamiento, fustiga ácidamente a la lógica del mercado, sus intrínsecas injusticias y la hegemonía de un modelo de convivencia no sustentable.
De algún modo, algunas de sus apreciaciones anticipan en el tiempo el contemporáneo colapso del sistema de acumulación capitalista, fruto de sus propios dogmas teóricos, disfuncionalidades y flagrantes contradicciones.
No menos crucial es el capítulo IV, que aborda el tema de la educación y sus diversas tensiones desde una mirada contextual, analizando el impostergable desafío de la alfabetización y esbozando diversas reflexiones acerca de la insoslayable misión de educar para forjar conciencias libres y autónomas capaces de modificar la realidad.
La emoción a flor de piel está condensada particularmente en el capítulo V, donde Soler tributa sendos homenajes al emblemático educador Enrique Brayer y al maestro y periodista Julio Castro, desaparecido mártir de la lucha contra la dictadura.
El capítulo VII, que es sin dudas uno de los más significativos de esta obra de largo aliento, incluye un discurso pronunciado en noviembre de 2005, en el cual el paradigmático maestro defiende enérgicamente la decisión del Consejo Directivo Central de la ANEP de incorporar la enseñanza de la historia reciente a la currícula educativa.
El tema, que generó airadas reacciones de la derecha política y sus aliados estratégicos, está intrínsecamente ligado a la recuperación de la memoria y a la indispensable reconstrucción de la verdad sin cortapisas.
Este libro es un documento de superlativo valor, en tanto rescata los aportes teóricos de un pedagogo de fuste e inclaudicable luchador por los derechos y la dignidad de los más oprimidos.
«Miguel Soler: lecciones de un maestro» es una obra de referencia, que a través de artículos, discursos y testimonios registra la peripecia humana y profesional de un educador comprometido con su tiempo histórico, la ética del cambio social y la emancipación del ser humano.
(Edición de la ANEP)
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