HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA: EL NUEVO DISCO DE SERRAT

Serrat retoma aquí el trabajo iniciado en 1972 con la grabación del disco «Miguel Hernández».

«Tus cartas son un vino», «El silbo del dale», y «Las abarcas desiertas» son tres de los textos que el catalán musicalizó y que pueden escucharse en este nuevo trabajo discográfico. «Hijo de la luz y de la sombra» incluye además otros poemas reconocidos como «Tus cartas son un vino», «Canción del esposo soldado», «La palmera levantina» y «El hambre y canción».

Respecto a su nuevo trabajo Serrat afirmó que volvió a «tomar toda la poesía de Miguel. Desde los poemas de juventud hasta ‘Cancionero y romancero de ausencias’, y a partir de ahí comencé a elegir poemas y fragmentos de poemas que me parecieron muy interesantes para el repertorio. En un principio trabajé sobre una treintena de textos y seleccionando y descartando, llegué a los que integran el disco».

El lanzamiento de este nuevo disco se complementará con una gira que se iniciará en marzo del año próximo en Elche y finalizará en Orihuela el 30 de octubre de 2010, precisamente el día en que se cumplirá el centenario del nacimiento de Hernández, quien siendo preso político falleció a los 32 años de edad en la cárcel, víctima de la dictadura del general Francisco Franco.

Basta observar la historia de Serrat para afirmar, sin ningún tipo de dudas, que sus discos siempre serán bienvenidos y que a sus conciertos siempre acudirá una multitud. Sus méritos artísticos y sus actitudes de compromiso y afecto generosamente dispensados de innumerables modos, lo han transformado en uno de los músicos más entrañables, más consolidados y más idolatrados de la lengua hispana y particularmente de nuestro país. Por lo tanto, este nuevo fonograma motivará la reiteración de la pasión y la devoción que Serrat mantiene entre los uruguayos. Después de todo, la suya con nosotros es una historia plena de afectos y lealtades que ya lleva más de cuarenta años.

Desde su primera visita Uruguay a fines de la década de los 60, el catalán conserva en la mirada ese gesto tan característico de un niño pícaro que no envejece, aunque las arrugas que bordean sus ojos y la incipiente calvicie se empeñen en acompañar sus casi 66 años (nació el 27 de diciembre de 1943). Es que Serrat canta y encanta, dice y convence. Su poder de seducción está más allá de cualquier posible análisis.

Sus guiñadas cómplices con la gente generan una energía de ida y vuelta, de vuelta e ida, que transforma sus espectáculos en una suerte de comunión.

Como muy pocos elegidos, y en su caso en un grado superlativo, Serrat enamora a sus auditores, esos que lo han venido escuchando desde que lanzó a la perdurabilidad textos de identidad profunda como «Mediterráneo», «Fiesta» y otras tantas canciones que están instaladas en eso que llamamos memoria emotiva.

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