Las mafias fascistas funcionales al criminal proyecto autoritario
En «Los Estados depredadores», la investigadora norteamericana J. Patrice McSherry denuncia los horrendos crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor, en una contundente crónica sobre la guerra sucia emprendida por las dictaduras latinoamericanas.
La autora es docente, cientista política y directora del Programa de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de Long Island, Nueva York.
En el transcurso de su carrera, ha cursado estudios de teoría política y relaciones internacionales, siempre teniendo como principal foco de interés a las dictaduras militares y particularmente a la Operación Cóndor.
La escritora ha publicado artículos de su especialidad en numerosos periódicos y el libro «Transición incompleta: poder militar y democracia en Argentina».
Su trabajo constituye una valiosa herramienta informativa y de análisis, en torno a los regímenes autoritarios que gobernaron al continente americano durante las décadas del sesenta y el setenta del siglo pasado.
Patrice McSherry se ha dedicado al estudio del Plan Cóndor desde 1990, siguiendo su tesis sobre los Estados paralelos y sus actividades encubiertas.
Su visión sobre el problema es global, en tanto aborda la faceta internacionalista de la actividad de estas mafias fascistas, que fueron funcionales a las dictaduras y a los intereses hegemónicos del imperialismo norteamericano.
La investigadora, que indagó en numerosos archivos desclasificados de los servicios secretos de su país, sostiene con profunda convicción la tesis de una conspiración manipulada desde los despachos de la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA.
En el capítulo inicial, la autora desarrolla su análisis en torno el embrión de la Operación Cóndor, que asocia a la teoría de la contrainsurgencia gestada desde los grandes centros del poder planetario.
Obviamente, liga su razonamiento a lo que denomina Estados paralelos y a la actividad encubierta desplegada por comandos militares clandestinos y hasta por grupos parapoliciales.
Patrice McSherry inscribe este conflicto en las tensiones características de la Guerra Fría y la batalla ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética por la supremacía mundial.
La autora también aporta abundante información acerca de los denominados «ejércitos de retaguardia» que actuaron en Europa, en el marco de la confrontación Este-Oeste.
Asimismo, denuncia una conspiración transnacional que movilizó a fuerzas de tareas muy bien adiestradas y equipadas, que actuaban al amparo de un importante apoyo logístico de los servicios de inteligencia del imperialismo.
En el capítulo III, que es sin dudas uno de los más sustanciosos, la analista ingresa de lleno en la exploración de los teatros de operaciones del ominoso Plan Cóndor.
La abundancia de información, nombres y fechas permite visualizar claramente la dimensión de esta organización criminal, que actuaba desde las sombras con absoluta impunidad.
Más allá de que muchos de los hechos y situaciones descritas son bastante conocidas, la prolija crónica desbroza el camino hacia la comprensión de esta auténtica pesadilla.
La inapelable contundencia de las pruebas aportadas por la autora, demuele de plano el discurso cómplice que pretende ocultar y distorsionar la verdad, aduciendo que la existencia de esta mafia fascista multinacional es fruto de meras especulaciones.
McSherry denuncia las reuniones fundacionales de la Operación Cóndor, con la expresa mención a los lugares y participantes. Asimismo, detalla los programas de adiestramiento en el exterior, que se realizaron en la denominada Escuela de las Américas.
Allí concurrieron los militares latinoamericanos seleccionados para integrar la organización terrorista que asoló a la región, que fueron imbuidos de la denominada doctrina de la seguridad nacional.
Los capítulos IV y V son los más cercanos a nuestro país, por abordar el secuestro de los militantes del Partido por la Victoria del Pueblo y los asesinatos de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
La autora afirma, sin margen para la duda, que los protagonistas de estos deleznables sucesos fueron militares uruguayos y argentinos, que actuaron en el marco de la coordinación represiva que operó en el Río de la Plata.
Patrice McSherry incluye fragmentos de algunas notas publicadas en LA REPUBLICA y de las investigaciones de nuestro compañero y colega Roger Rodríguez.
El informe incluye también el testimonio de Wilson Ferreira Aldunate ante el congreso norteamericano, que arroja luz y corrobora la certeza de todo lo acontecido.
Obviamente, la autora no soslaya que el líder nacionalista, que también estaba requerido por la justicia militar uruguaya, era otro de los objetivos del Plan Cóndor.
La minuciosa investigación también alude a los asesinatos del ex canciller chileno, Orlando Letelier, el general trasandino Carlos Prats y el ex mandatario boliviano Juan José Torres.
Todos estos personajes fueron ultimados fuera de sus países de origen, lo cual confirma el nivel de organización y la gran capacidad operativa de esta temible organización criminal.
En el capítulo VI, que es también sumamente revelador, Patrice McSherry denuncia, con nombres y apellidos, a los protagonistas de esta demencial aventura homicida que asoló al continente.
La indagatoria de la autora no sólo aborda la situación de Sudamérica, sino que también incursiona en el Caribe, donde la coordinación represiva tuvo un singular protagonismo.
En ese caso, la investigadora afirma que militares argentinos adiestraron, durante la década del ochenta, a sus pares de varios países centroamericanos donde existían dictaduras funcionales a los intereses de Washington.
Demostrando una plausible inteligencia y madurez para comprender la historia reciente de nuestra América, la escritora afirma que la guerra sucia fue practicada en todos los casos para aplastar a las fuerzas opositoras que reclamaban transformaciones políticas y sociales.
La investigadora liga estas operaciones represivas a la necesidad de controlar y eliminar a los disidentes y así perpetuar los privilegios de las fuertes oligarquías nativas, que detentaban el poder económico en coalición con las multinacionales y el capital financiero internacional.
Patrice McSherry acusa a las administraciones norteamericanas encabezadas por Lyndon Johnson, Richard Nixon y Ronald Reagan de emplear a la Guerra Fría como pretexto para auspiciar y apoyar las operaciones criminales encubiertas.
Obviamente, también acusan al ex secretario de Estado Henry Kissinger y a George Bush (padre), quien tuvo un importante protagonismo como director de la CIA en las conspiraciones destinadas a derrocar gobiernos democráticos y el aniquilamiento de opositores a los regímenes autoritarios funcionales al imperialismo.
Este libro es un crudo testimonio que alude a los tiempos más oscuros del pasado reciente, caracterizados por la barbarie de las dictaduras genocidas y la presencia de sicarios que actuaban en la más absoluta impunidad.
La obra, de más de trescientas páginas, es una contundente crónica del horror, que denuncia la actividad de estas bandas fascistas y su vasta red de complicidades.
«Los Estados depredadores» es un documento de enorme valor informativo, que arroja renovada luz sobre los abominables crímenes perpetrados en el marco del Plan Cóndor.
(Edición de la Banda Oriental)
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