ARRIBISMO Y NUEVOS RICOS
El prometido té negro, que se hizo rogar, llega. Ahora parece que está mejor, que es más fuerte. Fuentes evoca con una chispa de picardía lo que significó que su padre, diplomático, fuera trasladado de Santiago de Chile, donde vivió entre los 11 y los 14 años, a Buenos Aires. Tenía 15 cuando llegó a esa ciudad que lo deslumbró, a pesar de que el primer día de clases volvió espantado por el corset fascista que se respiraba en las aulas, contaminadas por las ideas de Martínez Zuviría, el escritor que firmaba como Hugo Wast, el ministro de Educación de Pedro Ramírez. Pero su padre, comprensivo con ese adolescente inquieto que no quería asfixiarse y repetir consignas de mausoleo, lo alentó a que callejeara por la ciudad. De su pasión por Buenos Aires regresa al arribismo de Gorozpe, el narrador y personaje de la novela. «En toda sociedad en formación se encuentra este tipo de personajes arribistas. Es un hecho que se ha dado siempre, pero se acentúa en las sociedades burguesas porque son sociedades en formación y deformación constante. Yo estudié mucho este fenómeno porque la Revolución Mexicana cambió totalmente la sociedad», explica el escritor. Fueron expulsados los viejos terratenientes, el antiguo régimen entró en colapso y se renovó. Los millonarios de la región más transparente son los mendigos de «Adán en Edén». Los nuevos ricos de esta etapa están relacionados globalmente, cuando antes estaban encerrados en veinticuatro estancias.
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