Estreno. A propósito del documental "This is it" de Michael Jackson

El rock y el pop en el cine

Hace más de medio siglo que la historia de la música popular cambió para siempre. El punto de partida arrancó con la grabación de dos temas musicales: uno fue «Rock around the clock», tocado por Bill Halley and his comets, y el otro se titulaba «That´s all right» y fue realizado por un «ignoto» Elvis Aaron Presley.

El sonido mezclaba el country con el rhythm and blues y llegaba para quedarse prendido en la piel del público. Era una sonoridad que traducía la realidad del medio siglo: una energía desbordante e intensa, matizada de estridencias y cantada a través del lenguaje callejero. Había nacido el rock and roll (cuyo cetro, todavía hoy, llevan los Rolling Stones).

Aparentemente el nombre se lo puso un locutor radial llamado Alan Freed; su sentido original provenía del lunfardo afroamericano (slang) y se refería directamente al acto sexual. Era el comienzo de una era que aglutinaría nombres de la talla de Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry, Buddie Holl, Roy Orbison y Fats Domino entre otros.

Ese sonido cuadrado (una estructura de doce compases con variaciones donde sobresale una base rítmica enfatizada por la batería y el bajo) enganchó a generaciones que también dieron cabida a nuevos espacios sonoros como el soul, el twist y la música pop (melodías que habilitan otra lista con nombres como el de Marvin Gaye, Aretha Franklin, The Supremes, Stevie Wonder, Chubby Checker y el loquísimo James Brown, por ejemplo). Un espacio que, obviamente, también cobijó a la revolucionaria música británica (Beatles, Rollings Stones, Shadows, etcétera), cuando las notas del pentagrama se convirtieron en una marca a fuego tatuada en el corazón. De esto se trata la nota en definitiva. Un antes y un después inexcusable donde la armónica de Bob Dylan dejó su impronta folk mientras iba surgiendo la psicodelia de un microuniverso alucinado por The Doors, Jimi Hendrix y muchos más. El mundo siguió descubriendo nuevas melodías con bandas como la de Led Zeppelin, The Who, Pink Floyd y Jethro Tull.

Los estilos comenzaron a marcar especificidades más puntuales (heavy metal, glam rock, etcétera) y el goce colectivo tuvo la oportunidad de disfrutar a Queen, Deep Purple y Kiss, por nombrar algunos. (Una lista que, además, debe intercalar el sonido punk de Los Ramones y los Sex Pistols, sin dudas).

Pero esas especificidades agregarían otros nombres más sofisticados como el de la música techno, el rap, la new wave, el grunge, psychobilly, house, hip hop, indie pop, trash metal, acid rock, reggae, dark metal y otros etcéteras. Quizá las denominaciones importen poco. El siglo cambió de número y algunos sonidos tendieron a reciclarse como lejanos ecos, un déjà vu sonoro que retomó antiguos espíritus en nuevo formato.

Algunas veces, esa galaxia musical quedó plasmada en la pantalla grande, como el caso de «Tommy», un largometraje dirigido por el demencial Ken Russell sobre el disco de los Who o «The wall», otro referente emblemático realizado por Alan Parker sobre las canciones de Roger Waters, líder de Pink Floyd. La «ficción biográfica» también tomó nota de títulos como «Sid & Nancy» a partir de la vida sentimental del bajista de los Sex Pistols, Sid Vicious, la vida de Jim Morrison en «The doors» de Oliver Stone y hasta Johnny Cash tuvo su título en «Walk the line», entre otros. En el plano documental, el «Woodstock» de Michael Wadleigh hizo historia en una producción sobre el famoso festival de 1970. El propio Scorsese ya había filmado una propuesta musical con «The last waltz» sobre The band y luego retomó el desafío con una leyenda viva: los Rolling Stones (que ya habían tenido registro documental con «Gimme Shelter» de Albert Mayles). Una apuesta a toda música que, sin dudas, reunía más de una generación en este ritual colectivo del cine.

Hoy por hoy, la pantalla global se multiplica con la producción audiovisual «This is it», que obviamente, si bien funciona como tributo también busca facturar a partir de la desaparición física del Rey del Pop, Michael Jackson. Incluso las agencias noticiosas se han hecho eco de una protesta colgada en Internet por fans que denuncian que el filme ocultaría «la verdad sobre los últimos días del artista».

El documento audiovisual ­según sus admiradores­ filtraría unas cien horas de grabación para ofrecer «una visión distorsionada de la condición del cantante, fallecido el 25 de junio» sin tener en cuenta la precaria salud de Jackson «mientras participaba en agotadores ensayos» para una serie de conciertos a realizarse a mediados del presente año.

Por su parte Kenny Ortega, director de la producción, señaló que el largometraje fue idea del propio Jackson, a quien calificó de «arquitecto del proyecto» aunque estas grabaciones (realizadas en el Estadio Staples Center de Los Angeles) apenas recojan las últimas imágenes de Michael Joseph Jackson, un peculiar afroamericano que se reinventó continuamente.

Más allá de su vida extravagante, Jackson generó música con sello propio fusionando tendencias del soul con el hip hop, el pop y otras hibridaciones hasta llegar a una cima estelar de popularidad. Con un récord quizás insuperable de placas vendidas, este ex niño prodigio que rompió esquemas con «Thriller», «Black or white» y «Bad» ha entrado en la leyenda y el largometraje documental que ahora se estrena es, ni más ni menos, una pieza más de ese largo adiós que ha tenido el rey del pop desde su muerte. Pero aunque se sigan haciendo documentales sobre Jackson, nunca sabremos con certeza quién habrá sido en realidad este artista que le puso «imagen al ritmo». De todos modos, vale la pena echar una mirada, aunque no todo esté dicho.

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