El mundo que respiro

Cuando se asume la vida con pasión todos los territorios recorridos son sinuosos y a menudo hasta laberínticos. En esas peculiares circunstancias, vivir es una experiencia casi épica, que supone compromisos ideológicos, sociales, políticos y, naturalmente, afectivos.

Más allá de relumbrones, auges y decadencias, la aventura vivencial de un escritor no difiere radicalmente de la peripecia cotidiana del hombre común. Sin embargo, quien empuña la pluma tiene el mismo poder que el alfarero que trabaja pacientemente el barro con el que concebirá su obra.

Es que el arte es bastante más que un mero ejercicio de sensibilidad. Es la capacidad de crear y fabricar fantasías, pero también de moldear conciencias, pincelar realidades y edificar necesarias utopías.

En ese contexto, la poesía es quizás el vehículo comunicacional más trascendente, en la medida que permite decodificar sentimientos, amores, odios, miedos y angustias.

El poeta es un explorador de almas por antonomasia, que sufre con el sufrimiento y goza con la plenitud, en una suerte de incesante y caótica plétora emocional que trasciende a su tiempo y espacio físico.

A los ochenta años de edad, el poeta, narrador y ensayista uruguayo Mario Benedetti aún siente íntimamente la emergencia de ese constante parto creativo, que se alimenta incesantemente de vivencias propias y ajenas. Aparentemente, para el escritor, el diálogo con la palabra es una necesidad cuasi biológica.

En «El mundo que respiro», su última obra publicada, la poesía vuelve a asumir el rango de mensajera, en esa suerte de romance con el lector que es la razón de ser del creador.

En más de un centenar de textos, Benedetti se pasea por el pentagrama de la vida, para reivindicar la condición humana.

El escritor reinventa la realidad a partir de la intimidad de su mundo apremiado por el tiempo, donde aún hay espacio para soñar y aferrarse a la esperanza.

Con abundantes metáforas y simbolismos, el autor va imprimiendo el rumbo cardinal de su escritura, que divide en tres tramos que expresan otros tantos estados de ánimo.

El primer conjunto de poemas intitulado «El corazón y la piedra», sitúa al lector en el universo del devenir, ante el advenimiento de un nuevo año que deja atrás un pasado que se niega a desaparecer del horizonte.

Mario Benedetti le escribe al corazón, que es el motor de los sentimientos, al amor y a las soledades. Sin embargo, también denuncia que «el mundo se deshace, explota, gime y se hunde».

Interpela intensamente a la realidad, en torno al hambre, el instinto autodestructivo del hombre y la hipocresía, afirmando contundentemente que «…allá arriba siguen más sordos que Beethoven…»

El poeta interroga a Dios en voz alta y le cuestiona por «…haber decidido tan espontáneamente no existir…» Apela intensamente a los silencios, a la tristeza sin lágrimas, pero redescubre el privilegio de estar vivo, confrontado a la trágica extinción de tantos que son apenas meros recuerdos sin voz ni aliento.

Mario Benedetti se instala en el segundo tramo de su libro que bautiza «Remontar la noche», para recorrer los removedores territorios de la melancolía, los insomnios de la vigilia existencial rumbo al sueño definitivo, la infancia perdida y el cansancio.

Su pluma juega con las certidumbres y las incertidumbres, denuncia la futilidad del odio, para regresar luego al sendero de la melancolía y la emotiva evocación de los amigos que ya no están.

Captura el espacio y el tiempo en la vernácula geografía de su entrañable Montevideo, reivindicando su derecho a un lugar propio en ese universo humano.

Mario Benedetti apela a la ironía para pincelar los contrastes de la era contemporánea gobernada por la informática, donde hasta los afectos deben ser «formateados».

La tercera parte de esta obra poética alude a «Estas y otras guerras». Aquí el autor recupera todas sus cualidades de iconoclasta, para demoler los mitos, las leyendas y las mentiras de un mundo cada vez más despojado de espontaneidad y propenso a las apariencias.

La pluma del autor explora ahora los miedos de los héroes, los recuerdos, la sangre derramada, la implacable vejez, la patología de las guerras y hasta la muerte.

La poesía de Benedetti va evolucionando hacia el presente, tan cargado de desafíos como de incertidumbres, peligros, angustias y acechanzas.

Afirmando que el mundo que respira «huele a nafta y McDonald’s», Benedetti parece ratificarnos que vivimos una crisis de valores que vació de contenido los discursos y las almas.

La poesía de Benedetti no siempre respeta parámetros y estructuras morfológicas, porque el envase es   en definitiva   un mero recurso literario siempre maleable.

Asume, en cambio, que la palabra es la única materia prima expresiva indispensable, cuando el desafío creativo es reflexionar en torno a la condición humana, los sentimientos, los afectos y las angustias.

Mario Benedetti despliega un vasto friso poético, para describir sus octogenarias incertidumbres. Interroga y se interroga, en un incesante ejercicio dialéctico que procura develar sus propias dudas.

Su caligrafía literaria se pasea por los paisajes de la emoción y la memoria, rompiendo con las barreras del tiempo para instalar el pasado en el presente.

El autor «respira» el mundo globalizado contemporáneo con la inquietud de un intelectual comprometido con la realidad, que siempre imprimió a su obra un sesgo contestatario.

Observa los escenarios cotidianos como un atento centinela, para advertirnos que la apuesta es, como siempre, apelar a la sensibilidad como necesaria reserva ética.

Es claro que la poesía, para ser considerada como tal, puede limitarse a un mero juego de vocablos, métricas, rimas y estructuras, en aras de la belleza estética. Eso no sucede con la obra de Mario Benedetti, quien ratifica –nuevamente– que la pluma puede ser más fuerte que la espada y la desesperanza.

Al igual que nosotros, Benedetti «respira» un mundo en muchos aspectos irrespirable, por la mentira, la falsedad, la hipocresía, la frivolidad y la violencia.

La voz literaria de este autor, cuyo nombre felizmente ha trascendido fronteras hasta transformarse en un auténtico referente de las letras hispanas, se alza nuevamente como un símbolo de insobornable rebeldía que no sucumbe ante las barreras de la indiferencia.

(Editorial Seix Barral)  

Endecasílabos para el siglo XXI.

En el prólogo del anterior volumen de «Cuentos que me apasionaron», el célebre narrador argentino Ernesto Sábato decía: «Quiero ser para ustedes como aquel bibliotecario o como un viejo baqueano que, con emoción, nos fuera entregando al misterio de la vida». Ese es, precisamente, el corazón y el espíritu de este libro.

En cada uno de los textos seleccionados en esta oportunidad, minuciosamente revisados, releídos y vueltos a disfrutar por el exitoso escritor, se encierra todo el misterio que sin duda habita en la literatura.

Con esta alquimia de palabra, emoción y fantasía, cada época ha reflejado en sus ficciones los dolores y las maravillas del mundo.

Sábato –lector infatigable– vuelve a guiarnos como un experto hacia un auténtico «banquete» literario.

Las lecturas seleccionadas incluyen textos capitales de la narrativa de Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez, Ernest Heminway, Juan Rulfo, Edgar Allan Poe, Mark Twain, Truman Capote y Albert Camus, entre otras celebridades.

(Editorial Planeta) 

Mundo insólito

Quienes vivimos a diario el pulso de la realidad en la redacción de un diario, tenemos el privilegio de acceder a noticias que, por falta de espacio y naturale
s prioridades informativas, muchas veces no se publican.

El mundo es el vasto escenario que solemos recorrer, con el apoyo de una prodigiosa tecnología que virtualmente abolió las fronteras geográficas y culturales. Ese ejercicio exploratorio que cotidianamente debe realizar el periodista, suele ponerlo en contacto con hechos insólitos y hasta desopilantes.

Los periodistas Pablo Alfano y Carlos López Matteo asumieron el desafío de seleccionar y recopilar las pequeñas locuras que suceden en nuestro planeta, que suelen estar reñidas con las normas más elementales de la racionalidad.

El libro, ilustrado con indudable sentido del humor y desenfado, comporta un auténtico catálogo de situaciones singulares. No obstante, todas ellas –aunque pueda parecer inverosímil– son reales.

(Editorial Aguilar) 

Escondites y Julieta, ¿qué plantaste?

Salieron dos tomos en la colección para niños de Alfaguara.

Escondites. Este libro de cuentos infantiles del maestro salteño Sergio López Suárez, es un texto ideal para estimular la imaginación y la creatividad de los lectores más pequeños. A partir de una sencilla línea que se esconde en los personajes más diversos, crece una historia divertida apoyada en el diseño de sus coloridas ilustraciones.

Julieta, ¿qué plantaste? Esta es otra propuesta realmente regocijante para los más pequeños. El zorro, animal sin dudas astuto y normalmente haragán, le propone a la mulita Julieta trabajar juntos un campo que está lleno de yuyos. La mula descubre que el zorro intenta engañarla y desbarata su plan. La autora de este libro de cuentos es Susana Olaondo, quien obtuvo sendos premios por «Felipe» y «Un cuento de papel».

(Editorial Alfaguara) 

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