El perfume consolador
El califa al-Mansûr
–¿Desde cuándo está casado?, le preguntó al-Mansûr.
–Desde hace un año, respondió al hombre.
— ¿Tomaste virgen a tu mujer o era ya casada?
— Casada ya.
— ¿Tuvo algún hijo de un marido anterior?
— No.
— ¿Es joven o vieja?
— Joven.
Al-Mansûr hizo traer para el hombre desdichado un frasco de un perfume que empleaba él mismo, de olor fuerte, de una especie extraordinaria. Lo entregó a su visitante diciéndole:
— Perfúmate con el contenido de este frasco y verás como desaparecen tus preocupaciones.
Cuando el hombre salió de casa de al-Mansûr, dijo éste a cuatro de sus oficiales de justicia:
— que cada uno de vosotros vaya a sentarse a una de las puertas de la ciudad. Aquél en quien notéis el olor de este perfume, traédmelo.
El marido desgraciado vino a buscar a su mujer con el perfume y le declaró:
— Esto es un obsequio del Emir de los Creyentes Abu-Ya’far al-Mansûr.
Tan pronto como la esposa lo percibió, envió a buscar a su hombre amado, al que había dado todo el dinero, y le dijo, apenas hubo llegado.
— Perfúmate con este perfume. El Emir de los Creyentes lo ha regalado a mi marido.
El amante se perfumó con él y huyó pasando por una de las puertas de la ciudad.
El guarda colocado de facción notó el olor que se desprendía de aquel hombre. Lo alcanzó y lo condujo ante al-Mansûr.
— ¿De dónde te ha llegado ese perfume?, le preguntó éste. Su olor es de una suavidad extraordinaria.
— Lo he comprado, respondió el amante.
— Dinos quién te lo ha vendido.
Dio el hombre una respuesta confusa, llena de contradiciones. Al-Mansûr llamó al jefe de los guardias y le dijo:
— Prende a este individuo y guárdalo junto a ti. Si se compromete a presentarte la suma de dinero y tales efectos preciosos, lo dejarás marcharse libremente. Si no lo hace, lo azotarás hasta que muera, sin más forma de proceso.
Cuando ambos se hubieron retirado, al-Mansûr volvió a llamar al jefe de los guardas y le dijo:
— Atemorízalo, despójalo de sus vestiduras, pero no lo golpees hasta que te llegue orden mía. El jefe de los guardas se llevó al hombre. Mandó traer los látigos, despojó al detenido de sus vestiduras y plantó en el suelo unas estacas para atarlo. Cuando el amante estuvo seguro de que iba a ser azotado, aceptó indicar dónde se hallaba el dinero. Le ordenaron que lo trajese. Lo trajo tal como estaba, sin que nada faltase. Avisaron a al-Mansûr del resultado obtenido. Devolvió las riquezas a su propietario y pronunció el divorcio entre éste y la mujer.
(1) Segundo califa de la dinastía Abásida. Reinó en Bagdag entre 753 y 771.
(*) Incluido en «El libro de las argucias» de autor árabe anónimo del siglo XIII. El libro intenta demostrar con ejemplos que la astucia es un don de los hombres aprobado por Alá.
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