Líber Falco sobre el Tola

Imaginar a Piriápolis sin el Tola Invernizzi es como verlo sin sus cerros, sin sus montes, sin su playa. ¡Qué vacío tan profundo! ¡Qué dolor tan inmenso!

Que hizo este hombre en su vida para que ante la noticia de su muerte nuestros brazos cuelguen pesados e inútiles, y el aire denso llegue cortado a los pulmones. Que hizo este hombre en su vida para que esto que yo siento, lo sienta cada habitante de Piriápolis. Que hizo para provocar tanta admiración, tanto cariño, tanto respeto. Vivió con dignidad, con valentía ante los tiranos, solidario sin límites, la mano tendida hacia quien la necesitara, y una frase tierna acompañando el gesto.

En la década del cincuenta, trabajando en el diario Acción, conocí a Líber Falco, amigo y compañero de tertulias del Tola Invernizzi, de Paco Espínola y Maneco Flores Mora entre otros.

Una tarde invernal, caminando por la vereda de Camacuá, arrugados por el frío, le hablé a Falco de mi pueblo, de su gente, de Invernizzi.

Recuerdo muy bien el rostro del poeta, de su mechón al viento, de sus ojos claros. Me miró entre la solapa levantada del sobretodo y me dijo: «Conocer al Tola es enamorarse de él, en el mejor sentido de la palabra. Todo en él es inteligencia, bondad y ternura».

Así lo recordamos todos, en medio de este dolor que lastima.

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