La vocación inadecuada
Billy Elliot, sobre el preadolescente que abandona las clases de boxeo para tomar las de baile, tiene así todos los elementos para conectar con todos los públicos.
Lee Hall quería escribir sobre su propia niñez y sobre la huelga minera del 84 en la que Tatcher destrozó a los antes poderosos sindicatos británicos. «La historia se escribió prácticamente sola una vez que tuve la imagen de un niño enfrentado a su familia y a la comunidad con el trasfondo de un mundo más amplio y hostil –explica–. La huelga fue una guerra de clases en la que el Estado se movilizó contra un pequeño grupo de personas. Me dejó un sabor de indignación que impulsó buena parte de mi trabajo».
Eran tiempos de penurias y de breack dance. El niño descubre la clase de danza (de niñas) que funciona en el mismo local que las clases de boxeo (de niños) a las que lo manda su angustiado padre (Gary Lewis: Mi nombre es Joe). «Creo que la gente se identifica fácilmente con una historia de lucha de cualquier persona», declaró el director.
Parte de la astucia del guión para de conectar con los deseos incumlidos de todo espectador, es que Billy sea huérfano; no tiene colchón entre él y el machismo; ni siquiera la costumbre, porque la familia no se ha repuesto de la muerte de la madre. A favor, el niño tiene sólo a la maestra –docente en el mejor sentido– (Julie Walters Educando a Rita) y un amigo afeminado, también excluido. A favor, una carta de la madre recomendándole que sea consecuente consigo mismo.
Stephen Daldry viene del medio teatral –es director artístico del Royal Court– y debuta aquí como cineasta. Su principal acierto fue ser exigente en el casting del actorcito. Luego de 2 mil audiciones apareció Jamie Bell, de 14 años, mandado hacer para el papel, quien acaba de ganar el «Oscar» británico a mejor actor del año.
Bell, que estudia danza desde los 6 años, recuerda que, como el protagonista, no decía a sus amigos donde iba luego de jugar al fútbol. El coreógrafo Peter Darling trabajó con Bell para ver qué lo hacía vibrar, cuánto podía dar y buscó algunas escenas agresivas para mostrar que «el baile puede ser rudo, no afeminado». La película fue rodada en Ellington, noroeste de Inglaterra, donde está la única mina que queda abierta en la región.
Compartí tu opinión con toda la comunidad