La batalla ética por la dignidad y por un país cada vez más justo
En «El sueño del Pepe: José Mujica y el Uruguay del futuro», de Samuel Blixen, el candidato presidencial del Frente Amplio proclama sus ideas para construir y profundizar el proyecto de cambio iniciado durante el actual gobierno, con un horizonte temporal de dos o tres décadas.
El autor, que es escritor, periodista y docente universitario, ha publicado numerosos libros de investigación, biografías y relatos inspirados en nuestra historia reciente.
Su producción, de neto sesgo histórico y testimonial, incluye: «El vientre del Cóndor» (1994), «Seregni» (1997), «Sendic» (2000), «Fugas» (2004) y «Comisión aspirina» (2007).
Esta obra, que se suma al catálogo de una docena de títulos dedicados al dirigente frenteamplista, tiene el propósito de indagar en el pensamiento y en las renovadas utopías de José Mujica, más allá de su mera condición de aspirante a ceñir la banda presidencial a partir de marzo de 2010.
En este trabajo concebido con un formato periodístico, el candidato frenteamplista que encabeza todas las intenciones de votos para las elecciones del 25 de octubre- esboza sus ideas sobre lo que considera como el modelo más idóneo para que nuestro país siga creciendo con equidad social.
Más allá del habitual intercambio de preguntas y respuestas, el libro abunda en prolongados soliloquios, en los cuales el entrevistado reflexiona particularmente en torno a nuestra estructura económica agropecuaria y los modos de producción.
En este auténtico periplo reflexivo, Mujica ratifica la necesidad de privilegiar la capacitación con criterios selectivos, con el propósito de formar recursos humanos con un alto grado de especialización.
Partiendo de la tesis de que nuestro Uruguay está enclavado en la última gran reserva agrícola del planeta, el candidato presidencial promueve particularmente la investigación científica, para dotar a nuestra producción del indispensable valor agregado.
Obviamente, afirma su tesis en la creciente demanda mundial de alimentos, originada en el agotamiento de los recursos naturales que padecen otras latitudes y en el acelerado crecimiento de las potencias económicas emergentes.
José Mujica afirma explícitamente- que la subregión será una formidable demandante de insumos, poniendo especial énfasis en la producción y eventual exportación de conocimientos.
Obviamente, el entrevistado tiene muy claro que Uruguay jamás podrá competir a gran escala, por lo cual la alternativa será mejorar la calidad y apostar a la investigación.
Uno de los aspectos clave de la prédica de Mujica es la universalización de la enseñanza terciaria, para que deje de ser- de una buena vez- un privilegio reservado a minorías y elites ilustradas.
Su propuesta está en clara sintonía con la prioridad que el gobierno del Frente Amplio le ha otorgado a la educación, triplicando el presupuesto, duplicando los salarios docentes y facilitando el acceso masivo de toda la población, mediante novedosas iniciativas de inserción y democratización del conocimiento, como el Programa de Maestros Comunitarias, el Programa de Aulas Comunitarias y el Plan Ceibal.
Paralelamente pese a las burdas y falaces afirmaciones de la oposición se ha operado una sustancial ampliación de las escuelas de tiempo completo y se crearon carreras cortas de tecnólogo en áreas tan cruciales como la agroenergética y la cárnica, que son gestionadas por el Consejo de Educación Técnico Profesional (ex UTU) y la Universidad de la República.
«Pienso, más que en un Uruguay de fábricas, en un Uruguay de túnicas y laboratorios. La verdadera liberación es la acumulación de la inteligencia en las entrañas de la sociedad y la necesidad de desarrollar la autogestión productiva», afirma enfáticamente el líder frenteamplista.
Esta explícita definición, que Mujica reitera en cada uno de los discursos de su campaña, constituye un elocuente testimonio de su intrínseca madurez política y de su visión de futuro, que promueve un cambio posible y adecuado a nuestra idiosincrasia y al contexto histórico contemporáneo.
Sin abdicar de sus más acendrados ideales, el entrevistado explica su visión acerca del rol del Estado y su concepción de una eventual sociedad autogestionaria y con mayores grados de participación en la producción y el usufructo de la riqueza, con un fuerte componente de trabajo colectivo y responsable.
«Desarrollar un frente autogestionario. Nada de poner al Estado como patrón, porque esta película ya la vimos. Y no es pasarse al capitalismo, es buscar el socialismo por otro camino», proclama con firme convicción.
Aunque sus ideas de algún modo cuestionan antiguos presupuestos históricos de la izquierda uruguaya, están en consonancia con una realidad contemporánea que requiere un gran proyecto colectivo transformador, que sea económicamente viable y socialmente pertinente.
Partiendo de la tesis de que la región es un «mercado agro-inteligente», el candidato presidencial del FA promueve abrirse al mundo pero con estrategia y suma responsabilidad.
Su proyecto disiente radicalmente con el libertinaje aperturista pregonado por el bloque neoliberal conservador, que, en el pasado, no dudó en permitir el funcionamiento de bancos «basura» que asolaron a la plaza financiera y ahora convoca a instalar sociedades anónimas «para lo que sea».
Evidentemente, la derecha no aprendió nada de las duras lecciones del mundo desarrollado, donde la desregulación provocó estragos de dimensión planetaria.
Ante una interrogante concreta del autor, Mujica reflexiona sobre el siempre controvertido tema de la tenencia de la tierra, analizando los terribles efectos de la concentración y del habitual negocio inmobiliario, más allá de meras rentas productivas.
En el tema agroforestal, el candidato se imagina una sociedad entre el Estado y la iniciativa privada, para producir, entre otros bienes de consumo, nuevas modalidades de energía.
Respecto a los derechos del consumidor, que suelen estar expuestos a los avatares del mercado internacional y a la distorsión de precios de la intermediación, el presidenciable propone también un cambio de rumbo.
«…Si los ganaderos fueran burgueses como la gente, con la guita que han hecho, tendrían que ser ellos los dueños de los frigoríficos, tendrían que estar exportando ellos la carne y tendrían que estar peleando en Europa para poner sus propias carnicerías. Al fin y al cabo, el consumidor es víctima de la cadena…», proclama enfáticamente.
Este libro recoge y condensa los sólidos conocimientos agropecuarios de Mujica, así como la indudable sensibilidad social que le ha permitido gozar de singular popularidad, particularmente entre los sectores más vulnerables de la población y la mayoritaria clase trabajadora.
Corroborando su oficio periodístico, Samuel Blixen sabe hilvanar y ordenar adecuadamente los conceptos vertidos por su entrevistado, plasmando fielmente sus ideas y respetando su habitual lenguaje coloquial.
En este trabajo, el candidato del FA promueve reinventar el capitalismo sobre bases más justas y solidarias, a los efectos de construir un modelo que apueste aún con mayor énfasis- al progreso social, intelectual y material, con la participación de todos y sin exclusiones.
«El sueño del Pepe: José Mujica y el Uruguay del futuro» es un libro profundamente revelador, que trasunta la innegable lucidez y madurez política y la estatura ética del presidenciable de la izquierda uruguaya.
(Editorial Trilce)
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