In memóriam. Raul Forlán Lamarque, periodista, poeta, intelectual de fina pluma

A cinco años de su desaparición física

Pero en lo que respecta a su capacidad intelectual, en su puntería certera para el dardo crítico inobjetable y su delicadísima sensibilidad poética y de apreciación del arte en general, Raúl era un ser dotado de ese supremo talento de excelencia que lo diferenciaba del resto.

A través de su refinada prosa, Don Forlán Lamarque supo contribuir con algunas de las mejores páginas críticas que publicó esta sección de LA REPUBLICA.

Su capacidad casi renacentista lo hizo incursionar en la crítica cinematográfica, el comentario musical y lo analítico literario como verdadero pez en el agua en cada tema que trataba.

Lúcido, coherente y equitativo, su mirada periodística supo generar polémica pero nunca indiferencia y dejó marcado a fuego una caligrafía estilística que convocaba al lector desde la primera línea.

Fue, también, un animador cultural con proyectos a la manera de «Cabaret Voltaire» y eximio poeta que tradujo sus ángeles y demonios a través de un discurso lírico recopilado en breves textos como «Puntos de apoyo» y «Diarios del freak» y alguna prosa poética difuminada por diversos canales.

Al evocar toda esta capacidad, ese potencial del que Raúl hacía gala de una manera natural y casi inconsciente, duele pensar que el tiempo y la vida le jugaron una mala pasada como para que no pudiera desarrollarse plenamente en su creatividad. Esos «cuidados pequeños» de los que hablaba Darío lo llevaron, muchas veces, a postergar la plasmación artística de ese mundo interior en el que todavía quedaban muchos emergentes por desatar. Da rabia advertir en carne propia esas pequeñas-grandes injusticias de la vida que truncan la posibilidad de seguir siendo el autor de tu destino. Muchas veces, en lo personal, me pregunto qué comentario habría hecho Raúl de tal obra porque siempre, a través de su ojo de águila, sabía descubrir una lectura que enriquecía la valoración de la propuesta analizada.

Era un intuitivo refinado que sabía apreciar la belleza allí donde estuviera y a pesar que se camuflara a través de las variables más provocativas o, incluso, pasibles de generar rechazo.

En cierto sentido, también fue un analista socio-cultural de la época que le tocó en suerte; un desafío que asumió plenamente y le provocó tanto el reconocimiento de muchos como la ira de algunos al ser objeto de agudas críticas que decían las cosas por su nombre.

Se lo extraña, forma parte selecta en la memoria de quien suscribe (a pesar de los encontronazos propios en el vértigo del trabajo de una redacción) como ejemplo de un periodista cultural de raza y una de las personas más inteligentes que cualquiera pueda encontrar en ese periplo que se hace al andar. Como una suerte de humilde homenaje, entonces, me permito transcribir su desnuda voz interior a través un texto lírico que le pertenece de «Diarios del Freak»: «Setiembre/Bob Dylan y Tom Petty se suman golpeando en las puertas del cielo, Tengo las manos secas de escándalos. Estoy rodeado de esa fanática respiración que devuelve las siluetas a sus comentarios de tabaco rubio.

Inhalo cadáveres. Sus remolcadores, sus despojos de burlas contaminándose en los dientes de una escalera. Inhalo desconocidos que buscan morir en mis erecciones. Inhalo exhalaciones de una ciudad modificándose en sus vestíbulos. Inhalo expulsiones».

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