En escena. Un canto del cisne del teatro independiente

Color de rosa, en teatro de Agadu

La pieza es una producción autónoma del teatro Espacio Independiente; como detalle conmovedor, no nos ofrece fotos electrónicas a enviar por «mail»: tenemos de ella, casi una reliquia, una fotografía en blanco y negro sobre papel. En la obra se roza un gran tema, que Cerchiaro ha visto y ante el cual, creemos, ha retrocedido un tanto. La anécdota y el momento eran los adecuados para enjuiciar la producción burocrática del teatro de hoy; aun así, «Color de rosa» es el canto del cisne del teatro independiente.

Se reúnen tres actores. No es demasiado importante lo que dicen; la acción es indirecta, y la entrevemos a través de lo que no se dice. Todos están sin actividad; no diremos que sin trabajo remunerado, porque, como cualquier actor no incluido en alguna nómina o planilla de trabajo están dispuestos a trabajar, casi en lo que sea, por amor al arte. Pero no saben qué hacer. Querrían hacer algo; no saben por dónde empezar; aman al teatro, pero con una sombra de resentimiento, porque ese amor les llevó la vida. La soledad y el infortunio no los ha transformado. Se resignaron a so-bre-vi-vir, como nos dijo en una entrevista uno de los pioneros del teatro independiente en la Argentina, Jaime Kogan. Ya no existe ni siquiera el poderoso motor, fuerza de voluntad o ilusión, de sentir que se contribuía a la revolución: todos nos hemos entregado a las pastas base de la socialdemocracia, y lo que queda parece cada vez más, no ya un ghetto, sino aquel soldado japonés aislado en su puesto, varios años después de terminada la guerra.

El diálogo de Cerchiaro es certero, ha leído con provecho a Pinter, va al hueso, lo que dicen los tres actores tiene vida y color. Pero Cerchiaro, que tiene entre las manos un tema entre O’Neill y Beckett, escribe «Color de rosa» y no «The iceman cometh» o «La última cinta de Krapp». No quiere asumir lo fúnebre, ni siquiera ante cadáveres. Hay diálogos sugerentes, pero parecen tan perdidos en el escenario como los protagonistas dentro de sus vidas. En la última escena Cerchiaro quiere decirlo todo en una frase de un personaje, interpretado por él mismo, que entra en escena en el último minuto; pero un signo de interrogación no es suficiente, y antes de ese final había transado y se había conformado, haciendo recitar a sus actores fragmentos de obras de teatro que quizás interpretaron o que sólo llegaron a aprender. Aquello no llega a ser ni siquiera el desolado triunfo, una especie de onanismo, de una memoria vacante.

Los intérpretes, Susana Anselmi, Carlos Mara, Ernesto Laiño y al final Jorge Cerchiaro, hacen honor al teatro independiente. Sus estilos de actuación son distintos; pero así debe ser. No podemos pedirle a los actores, en este caso, otra cosa que ser fieles a sí mismos.

 

COLOR DE ROSA, de Jorge Cerchiaro, por Espacio Independiente. Con Carlos Mara, Ernesto Laiño, Susana Anselmi y Jorge Cerchiaro. Ambientación y vestuario de Alvaro Domínguez, asistencia corporal de Carmen Tanco, luces de Juan José Ferragut, dirección de Jorge Cerchiaro. Estreno del 24 de julio, club «Vida Nueva» de San Bautista, Canelones; ahora en Teatro AGADU.

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