Maestro. Uno de los realizadores más importantes de la legendaria nouvelle vague

Retrospectiva del director francés Alain Resnais en Cinemateca

Ha podido sostenerse que hay un antes y un después de Alain Resnais en la historia del cine, destaca Cinemateca. No sólo la fusión de los tiempos del relato, en el que pasado, presente y futuro se confunden, sino también la confianza en una comunicación en imágenes en base a una estructura musical, la intensidad de un mundo de sugerencias que parece provenir de la poesía, un sentido crítico de la historia, todo en el cine de Resnais supera al viejo cine que a lo sumo quería parecerse a la novela o al teatro. La revolución formal, conceptual y quizás ideológica del cine nuevo, de la nouvelle vague, que estalla a fines de los años 50 y comienzos de los 60, pasa por el cine de Resnais, un artista que mantiene con sus últimas obras, una actitud alerta y creativa como pocos.

El pretexto para esta retrospectiva son los 50 años del estreno de «Hiroshima mon amour», el primer largo del autor, pero cualquier otro serviría para justificarla.

A diferencia del grupo de Cahiers du Cinema (Godard, Chabrol, Truffaut, Rohmer, Rivette, Kast, varios más) que saltaron al cine desde la crítica, Resnais lo hizo desde el documental.

El suyo fue, por lo menos al principio, un perfil más politizado con una atención al genocidio nazi («Noche y bruma») o la visión colonialista del arte «primitivo» («Las estatuas también mueren»), y más tarde Argelia («Muriel») o el microclima de los republicanos españoles convencidos que iban a derrocar a Franco desde París («La guerra ha terminado»).

Resnais nació en Vannes, Morbihan, en 1922. Desde muy joven se sintió atraído por el cine (a los 14 rodó su primer corto, «L’aventure de Guy»), y después de cursar estudios secundarios ingresó en 1945 en la escuela de cine de París.

Sin embargo, abandonó al año y medio los estudios, sin terminar la carrera, fue montajista para filmes ajenos, entre ellos varios de documentalistas de primera línea como Nicole Vedrés, Agnés Varda y William Klein, y comenzó a filmar sus cortos propios.

En uno de ellos, «Ouvert pur cause d’inventaire» (1946) ensayó ya el mecanismo de narración no lineal que sería luego una de sus marcas de fábrica.

El éxito de crítica de «Hiroshima mon amour», con sus audacias de lenguaje y su entrecruzamiento de temas (la guerra, la memoria) que ya revelaban a un autor personal, colocó en el primer plano a Resnais.

Seguiría allí en su obra posterior, avanzando en la experimentación de lenguaje en «El año pasado en Marienbad» (1961) y provocando desconciertos en una parte del público.

Lo que siguió ha sido una obra rigurosa y coherente, donde cada filme es al mismo tiempo una nueva experiencia y la reiteración de ciertas constantes temáticas muy propias: la memoria, el valor del pasado en función del presente, el peligro del olvido, la exploración de los mecanismos de la imaginación y el ensueño, y la discusión sobre el libre albedrío.

El ciclo que le dedica Cinemateca Uruguaya comenzará el martes 1 con una selección de cortometrajes.

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