Crónica de Buenos Aires

Un nuevo espacio para el teatro "Babilonia"

Javier Grosman (1953) era gerente de marketing de una empresa textil y su esposa Graciela Casabé (1958) era arquitecta y profesora de Diseño Asistido por Computación en la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires. Tienen dos hijos que ahora tienen 19 y 17 años.

El matrimonio estaba cerca de la separación cuando Javier, una noche, sueña que con Graciela ponían un teatro con las características que tuvo después el teatro Babilonia, en un edificio de ladrillo donde había un bar y un taller. Le contó el sueño a Graciela, y lo identificaron como un deseo reprimido pendiente de realización; abandonaron sus empleos, vendieron el automóvil. El proyecto los reunió, porque ya no tendrían tiempo ni para separarse.

Encontraron un maduradero de bananas cerca del Mercado de Abasto, de 700 metros cuadrados en tres niveles. Había montañas de basura, corrían ratas, se llovían los techos, faltaban cañerías y la instalación eléctrica, no había baños. En dos meses, con la colaboración de amigos que creyeron en el proyecto y bajo el lema «un amigo, un pincel» estuvo en condiciones. Javier y Graciela llevaron de su hogar el horno microondas, el videocassetero, el equipo de audio y hasta la vajilla; en abril de 1990 se estrenó el teatro con Pasa de dos, de Eduardo Pavlovsky con dirección de Laura Yussem. Pavlovsky, que se ha negado hasta hoy a presentar sus obras en el circuito oficial, produjo en el Babilonia, a partir de entonces y hasta Poroto toda su producción: Rojos globos rojos, la reposición de El Señor Galíndez.

Desde su fundación hasta ayer, el teatro Babilonia fue una nueva dirección en materia cultural, una mirada renovadora, una aventura valerosa y sin destino fijo.

Entre sus producciones teatrales y eventos especiales, particularmente en música, estuvo lo más innovador y provocativo de la creación artística en Buenos Aires durante la última década. Siguieron a Paso de dos, Ahora acá, con Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, Pompeyo Audivert y otros, Bartleby de Melville, con actuación del hoy dramaturgo Alejandro Tantanián, La mujer del abanico de Yukio Mishima, Los invisibles de Laferrère, Fragmentos de una Herótica de Javier Margulis, a la que siguió en 1993 la Herótica II.

En 1991 se estrenó Variaciones sobre Beckett de Daniel Veronese, comienzo de la carrera triunfal de «El periférico de objetos», que también estrenaría en el Babilonia su inolvidable El hombre de arena y Cámara Gessell. Los dramaturgos más jóvenes y renovadores tuvieron su oportunidad en el Babilonia, con La modestia, de Rafael Spregelburd con actuación de Andrea Garrote y Mirtha Busnelli, Geometría de Javier Daulte o La tercera parte del mar de Alejandro Tantanián.

La vida es una aventura. Todo cambia. Graciela es hoy la Directora Ejecutiva del Festival de Teatro de Buenos Aires y Javier es Subsecretario de Acción Cultural de la Gobernación de Buenos Aires.

Como dijeron ambos, «… ocurrió que transitamos un camino que sabemos que no tiene retorno… siempre algo distinto: adivinar los signos que nos anuncian que después de una noche de teatro o de una tarde de poesía en la que se rechaza una forma arcaica, se acepta un desafío nuevo o se interpela a una cultura, sabremos que inevitablemente vamos a ser otros».

Javier y Graciela ya lo son, mayores y mejores. Once años pasaron, y la vida ofrece un horizonte que se renueva al infinito. «Babilonia» necesita un nuevo espacio físico. Si el viejo teatro de Guardia Vieja cerró, se abre la esperanza y la fe en el porvenir. Sus promotores están ya en busca «de ese otro» (teatro) «que soñamos», «a donde pensamos concurrir pronto».

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