Martín Buscaglia Group en Laskina de Plaza Mateo

Buenas influencias

Luego de presentar su segundo disco, Plácido domingo, en un par de multitudinarios recitales playeros, Martín Buscaglia actúa hoy de noche a las 23.30 en Laskina de Plaza Mateo (Sarmiento y Rambla) con el Martín Buscaglia Group (Nicolás, Andrés y Martín Ibarburu, Gustavo Montemurro, Martín Morón y el propio Buscaglia).

Cuatro años pasaron entre el primer disco de 1996 y este Plácido domingo de algunos meses atrás.

–¿Es posible hablar de un quiebre estilístico entre tus dos discos?

–Hay diferencias pero no estoy seguro de definirlo como un quiebre. Fueron dos procesos bien distintos. El primero se grabó a través de Orfeo en 70 horas. En el momento en que recibo el llamado de Orfeo yo no tocaba con banda, tocaba sólo con la guitarra. Entonces fue un disco que no tuvo preproducción. Y a la hora de grabarlo, tampoco contó con un productor. Para este trabajo en cambio ya habíamos empezado a grabar con Gustavo Montemurro (que ofició de productor artístico de Plácido domingo) algunas cosas, en un plan casero pero con buen sonido.

–¿Cuándo ocurre esto?

–Las primeras cosas son de fines de 1999. Y en eso estábamos cuando recibimos el llamado de Ruben Rada diciendo que su sello Discos Zapatito estaba interesado en hacer la producción ejecutiva del trabajo. Eso fue a comienzos de 2000. El apoyo de Zapatito también incidió en la clase de disco que terminamos haciendo, porque trabajamos sin la preocupación de las horas de estudio y eso.

–Aparece cierto aire tecnológico que no estaba antes, ¿es por el estilo de producción o por un interés por esos sonidos?

–Por ambas cosas. Hubo más tiempo de preproducción y también descubrí una puerta que me interesó, que no estaba antes. Trabajar con Montemurro también incidió. Yo entiendo que a pesar de las diferencias entre ambos discos, hay una continuidad. En el otro disco yo tenía 22 años. Ahora tengo 28 y me han pasado un montón de cosas, no sólo en lo musical. Siempre tuve interés en investigar muchas puntas, no me interesa que la gente diga «Ah, Martín Buscaglia, el que hace candombe». Por eso pongo una balada al lado de una canción que no tiene nada que ver y después otra cosa, también distinta. Lo que me interesa es hacer buenas canciones, no importa mucho de qué género.

–Trabajar con banda estable ¿cambia el acercamiento a la composición?

–Sin duda. Aunque la decisión final la tomo yo, la banda es un equipo, humano y de trabajo. Aunque es gente que toca muy bien y que toca con gente como Jaime Roos o Fito Páez, su acercamiento en mi música es distinto y pesa más el cómo tocarla para que tenga identidad propia que hacer muchos solos. De hecho no hay solos, ni siquiera en vivo.

–¿Qué influencias reconocés en tu música?

–Hay cosas más claras y otras que quizá son menos evidentes pero igual están. Por ejemplo, me gusta mucho el dub. Yo no hago reggae pero en ciertos momentos en vivo lo que prima es la sensación hipnótica del dub. Una influencia fuerte en Plácido domingo es el disco Nine objects of desire de Suzzane Vega, que me encanta.

–¿Qué escuchás ahora?

–Me gustó mucho el nuevo de Fatboy Slim, que me parece que es el soul de 2001. Y después hay gente que me cuelga aunque no aparezca como una influencia muy perceptible: Tom Waits, Arto Lindsay, Marc Ribot, Johnny Mitchell, Spinetta.

–¿El futuro de la música?

–Está en las producciones independientes, la tecnología ahora te da la oportunidad de hacer cosas muy buenas en tu casa y sin demasiada plata. Toda la gente que hace música electrónica graba en su casa. Me interesa la independencia que te da.

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