"Minas fieles de gran corazón"
El tango, expresión cultural de los rioplatenses, nunca la valoró en toda su dimensión. La llenó de sellos que la rotulan: mina, paica, percanta, grela, papirusa. La califica, en muchas de sus letras, como infiel, traidora, oportunista. Todos los vocablos sirvieron para descalificarla. No debió ser así, no merece ser así. Pero el tango nació machista y no hay machismo posible sin las mujeres. Sin embargo éstas estuvieron desde sus orígenes entreveradas en el tango, lo cantaron, lo sintieron y lo amaron, aunque pocas lo escribieron y casi ninguna lo compuso.
Programas amarillentos conservan nombres que evocan a tonadilleras y cupletistas como Pepita Avellaneda, Dorita Miramar, Paquita Escribano, Lola Candales, Linda Thelma, entre tantas que supieron cantar aquellas letras desenfadadas, picarescas y festivas, que eran característica de hace casi un siglo y que reflejan, desde sus títulos, el espíritu burlón cargado de doble intención: Andate a la Recoleta, Bartolo tenía una flauta y La c… de la lora.
Pero un hecho fundamental lo marca la uruguaya Lola Candales, cuando le solicita a su compatriota Enrique Saborido «que haga un tango, con una letra, que se pueda cantar delante de las mujeres sin rubor». Un pedido que tuvo como resultado La morocha, un tema, con reminiscencias zarzueleras, que dio las vuelta al mundo antes que La Cumparsita, llevado por los marinos argentinos de la fragata Sarmiento.
Mi noche triste de Pascual Contursi es considerado el primer tango canción, escrito sobre el fracaso y el fin de la relación de una pareja, fue el primero que grabó Carlos Gardel. Sin embargo, fue estrenado por una mujer, la actriz Manolita Poli, secundada por la orquesta de Roberto Firpo en el sainete «Los dientes del perro», en cartel durante casi dos años en la calle Corrientes, donde la artista debió cantarlo en más de 400 funciones. Ella lo llevó a conocimiento del público antes que el mayor cantor de tangos.
Durante las décadas del 20 y del 30 ante tanta letra cuestionadora de la mujer, las cancionistas y las actrices de la época no se achicaron, tampoco tenían otras opciones para cantar un tango. Los letristas eran hombres y por lo general se lamentaban de sus congéneres y pocas veces hablaban de las desdichas y el sentimiento femenino.
Algunos poetas se atrevieron a hacerlo y escribieron letras para ser cantadas muy especialmente por mujeres. De esta forma se conocieron Besos brujos, Maula, De mi barrio, El pañuelito, Mama yo quiero un novio y Julián. Allí se encontrarían varios arquetipos femeninos: la mujer abandonada, la amante sufrida y la novia engañada.
Pero también se encuentran las letras de tono jocoso y corte arrabalero que suenan muy bien en la voz oscura y áspera de Tita Merello y, que aún hoy, se dejan oír por la radio, como Arrabalera y Se dice de mí.
Los poetas románticos
Con la llegada de los años 40 el tango vive su momento de auge. Aparecen poetas como Homero Manzi y Homero Espósito que logran giros poéticos y literarios nunca alcanzados para hablar de la mujer en la canción ciudadana, aunque Alfredo Lepera con su socio Gardel ya lo habían hecho en los tangos de las películas que filmaron en Estados Unidos. Las reconocen, valoran, hablan de ellas en forma romántica; a algunas las volverán míticas como Malena o la rubia Mireya.
Se las evocará con «melena de novia en el recuerdo y su nombre flotando en el adiós», otras tendrán la piel como «magnolia que besó la Luna», algunas «los ojos oscuros como el olvido» y no faltaran quienes encuentren en la voz femenina «murmullos que entibian el amor».
A esta altura, muy atrás habían quedado los tiempos en que el tango vivía mayormente en los cafés y en sitios donde las mujeres y las familias tenían un acceso limitado, ya que la mayoría de los lugares de diversión eran exclusivamente para hombres. Y más lejos aún la época en que Linda Thelma, rompiendo todos los prejuicios, en la película Tango aparece vestida de compadrito, sombrero ladeado, saco cruzado, botas de taco militar y cantando «Varón pa’quererte mucho, varón pa’desearte el bien…». Años después Virginia Luque haría lo mismo arriba de los escenarios.
La contribución femenina
Como un exponente típico de la sociedad machista, el tango encontró, sin embargo, en las voces y el talento de mujeres como Azucena Maizani, Mercedes Simone, Nelly Omar, exquisitas intérpretes, quienes con su aporte lo enriquecieron, a pesar de ser descalificadas en muchas de sus letras.
Hoy cuidan su identidad femenina cantantes como Susana Rinaldi, la figura más importante del tango a nivel internacional, quien aborda cualquier tema sin preocuparse si fue hecho para ser cantado por hombre o mujer y lo mismo sucede con la voz grave de Adriana Varela, la gracia de Amelita Baltar o el sugestivo acento que pone la uruguaya Malena Muyala.
Muchas los cantaron, pocas los compusieron y los escribieron, tal vez ahí está una de las grandes carencias de la mujer dentro de este género. El terreno para hacer las letras y las melodías quedó en manos de los hombres pese a los esfuerzos de Eladia Blázquez, de Alba San Juan y de las legendarias Rosita Melo y Azucena Maizani.
Otras lo analizaron y lo estudiaron a fondo. Las argentinas Noemí Ulla, Estela Dos Santos, Hilda Guerra, María Susana Azzi, quienes junto a la uruguaya Idea Vilariño han escrito artículos periodísticos y varios libros exponiendo con claridad su temática y las razones de su contexto histórico, político y cultural.
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