La toma de conciencia social y política de una niña de 9 años
La trama del filme trata acerca de Anna, una pequeña de 9 años cuya vida se desarrolla en un apacible transcurso entre su colegio religioso y la casa paterna. A ese mundo feliz apenas llegan, remotas y lejanas, las noticias de un tío comunista que allá lejos, en España, combate contra la dictadura del generalísimo Franco. Se trata, empero, de una de esas cosas de las que no se habla en el ámbito familiar. La lucha de su tío apenas se cuela entre algunos breves diálogos de sus padres y a la llegada de alguna carta proveniente del exterior. Luego, la realidad irrumpe en el cuadro del filme y en la vida de la pequeña: la detención y muerte del tío, un viaje a Chile y algunos encuentros reveladores que modificarán profundamente la mirada que hasta ese momento los progenitores tenían hacia el mundo que les rodea y Anna crecerá con ellos, hasta una comprensión del mundo más íntima y personal.
Se ha podido señalar que hay una escena que de alguna manera resume el sentido o la dirección del filme. Hacia la mitad del relato, los padres, en pleno cuestionamiento ideológico, llevan a su hija a una manifestación de carácter político para mostrarle lo que es «el espíritu de grupo». La cámara toma la escena desde abajo, desde la altura de la niña. Las piernas de los demás manifestantes son como árboles sofocantes, los gritos de protesta la aturden y aterran, las cosas empeorán cuando se desata la represión policial y el miedo y los gases lacrimógenos la paralizan.
Sin terminar, de entender lo que ocurre, ella le reprochará a sus padres esa experiencia y el padre le responderá que más adelante, cuando sea más grande comprenderá.
Es posible que esa niña, al crecer, termine haciendo una película llamada «La culpa es de Fidel».
Aunque inspirada en una novela italiana (Tutta colpa di Fidel, de Domitila Calamai), no es difícil sospechar un componente semiautobiográfico, o por lo menos algunas experiencias comunes entre la niña protagonista, cuyos padres se comprometen progresivamente con la experiencia de la Unidad Popular de Allende, y la propia vida de la directora Julie Gavras: no en vano su padre, el realizador greco/francés Constantin Costa- Gavras, autor de «Zeta» y «La confesión», rodó en Chile su película «Estado de sitio» (que tiene que ver sin embargo con Uruguay) y regresó al tema chileno en «Desaparecido».
Antes de seguir las huellas de su padre, Julie Gavras estudió Derecho y Letras (primero y segundo año de la clase preparatoria para la Escuela Normal Superior) y saltó al cine como asistente de filmaciones comerciales, telefilmes y finalmente largometrajes.
Tras el cortometraje titulado «Esos maravillosos domingos» y el documental «De l’aube à la nuit: chants de femmes du Maroc», en 2001 realizó «Le Corsaire, le magicien, le voleur et les enfants», una película pedagógica, que fue el resultado de su trabajo en un taller de cine realizado en una escuela primaria. Con «La culpa es de Fidel» ha debutado como directora de un largometraje de ficción, volcando empero su aprendizaje en el documental y su experiencia como integrante de una familia de izquierda que ha vivido críticamente la experiencia del desplome de ciertos paradigmas. La película fue nominada al Gran Premio del Jurado en el festival de Sundance y a partir de hoy y hasta el viernes 14 inclusive, se exhibirá a las 17.35, 19.30 y 21.15 horas.
La ficha técnica de «La faute a Fidel» detalla que es una coproducción realizada entre Francia e Italia en 2006, rodada en 35 milímetros y que tiene una duración de 99 minutos. Se exhibirá con subtítulos en español, el libreto, es de Julie Gavras, la fotografía de Nathalie Durand, el montaje de Pauline Dairou y la música de Armand Amar. El elenco lo componen Nina Kervel-Bey, Julie Depardieu, Stefano Accorsi, Benjamin Feuillet, Martine Chevallier y Olivier Perrier.
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