Arte

Audaces fotógrafos brasileños

El movimiento concreto brasileño reconoce sus antecedentes en la arquitectura que se anticipó a la pintura y otras manifestaciones de las artes visuales a partir de los años veinte y la histórica Semana de Arte Moderno. Las influencias de la Bauhaus, los suizos Le Corbusier y Max Bill, visitantes regulares de Brasil, además de los grupos argentinos y rioplatenses de los años cuarenta (Arte Madí, de Kosice­Arden Quin, Arte Concreto orientado por Tomás Maldonado, el antecedente de Joaquín Torres García) y el activo intercambio entre dos críticos (el argentino Jorge Romero Brest, el carioca Mario Pedrosa) entonces abanderados del arte concreto, posibilitaron la emergencia de un movimiento que caracterizó a toda la región sudamericana, con especial incidencia en las ciudades de Buenos Aires, Río de Janeiro, San Pablo, Caracas y Montevideo. Las bienales de San Pablo, a partir de la primera en 1951, fortalecieron la toma de conciencia de una tendencia estética que adquiriría un esplendor en los años cincuenta, con resonancia del constructivismo ruso de la segunda década del siglo XX.

La integración de las artes era la obsesión. Los críticos Ferreira Gullar, Décio Pignatari y Waldemar Cordeiro dejaron numerosos textos y manifiestos, postulando una nueva visión y la incorporación de los grandes espacios arquitectónicos a la pintura y la decoración interior, en una compleja unidad orgánica. Como sucedió en Argentina y Uruguay, en Brasil emergió una pléyade de artistas de formidable poder inventivo, de rigor técnico y dimensión colectiva, con experimentación de nuevos materiales.

La fotografía, naturalmente, no permaneció ajena a las nuevas experiencias. Todavía, empero, no tenía el estatuto de legitimación artística. Pero la amistad entre pintores, críticos y fotógrafos, éstos convertidos en reproductores de obras pictóricas para libros y catálogos, produjo una comunidad de intereses y afectos que no tendrá similar en las décadas siguientes.

Así como Rómulo Aguerre, fotógrafo uruguayo con excelencias en la fotografía abstracta, similar a la concreta, amistó con Costigliolo, Presno, Freire y Llorens, Geraldo de Barros, nacido en 1923, se incorporó al movimiento concreto como pintor en las bienales primera y segunda (la más brillante de la historia) de San Pablo, para luego derivar a la fotografía y la decoración de interiores.

Experimentaciones, la experiencia concreta y neocreta en la fotografía brasileña de la Fundación y Colección Itaú, actualmente en exhibición en el Centro Municipal de Exposiciones de Plaza Fabini (martes a domingo de 15.30 a 21.00) es un buen balance del lenguaje fotográfico de la época y del neoconcretismo que apareció en 1959.

En ambos, la fotografía dejó de ser documentación de la realidad inmediata o imitación de la técnica pictórica, para construir, a partir de diversas realidades, el sentido abstracto de la forma. Precisamente, es Geraldo de Barros el que inicia el itinerario de la muestra con superposiciones de imágenes en el negativo y la reducción lineal de sillas unilabor, las que diseñaba en esos tiempos con impecable sentido geomético. José Yalenti recuerda las potentes tomas de Leni Riefensthal, la fotógrafa y cineasta del nazismo, en Espejismo y Paralelas y diagonales, de 1950. Germán Lorca, Thomas Farkas, Eduardo Salvatores, Günther Schroeder, ya en 1970, prolongan la tendencia.

Todavía hay incursiones en la fotografía psicológica en Tufi Kanji Décio Capistrano, con sobreposiciones a la manera surrealista y el enfoque de libros entreabiertos de Radó. Es una lástima que la muestra, de interés, aunque parezca suavemente datada, (es como ver el número monográfico de la revista «Art d’aujourd’hui» de esos años) no tenga un catálogo con textos más analíticos y de ubicación de cada uno de los participantes, de los cuales suministra escasa información.

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