Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, en la escena de Espacio Teatro
Ibsen cuestionó drásticamente la intangibilidad del matrimonio. Anunció y propulsó la era de la liberación de la mujer; propuso, en reemplazo de una ética religiosa, la idea de la autorrealización como primer deber del hombre; postuló, en las huellas de Shakespeare, la existencia de un momento crítico en nuestras vidas en que caen todas las vendas que cubren nuestros ojos y somos deslumbrados por el fuego de una verdad que nunca imaginamos. «Casa de muñecas» fue muy criticada desde su estreno y objeto de discusión hasta hoy; el mismo Ibsen pareció ceder ante la polémica y rehizo la pieza con un final, no se sabe si feliz, en que Nora vuelve a su casa, a Helmer y a sus hijos. Conocemos las atrocidades que dijo ver Elfride Jelinek a partir del momento en que Nora atravesó el umbral con su valija; pero precisamente ese poner a la pieza patas arriba mostró una vez más que Ibsen había dado en el blanco.
La versión y puesta en escena de Franklin Rodríguez, que también actúa con su acostumbrada solidez y autoridad en el papel de Krogstad, ha sido muy criticada en nuestro medio teatral. Es verdad que el texto ha sido reducido y que se han suprimido varios personajes. Siempre o casi siempre se prescindió de los niños, del mandadero y de la doméstica, y su desaparición no fue novedad; ahora le tocó el turno al irrelevante y vacuo doctor Rank, del que siempre fue difícil saber qué hacía en el drama. Se nos perdonará, pero es una baja que no lamentamos.
La obra ha sido sintetizada, pero se ha conservado lo esencial. La identidad entre el sometimiento de Nora a su padre con el sometimiento matrimonial está certeramente presentada. El espacio, un primer piso en Espacio Teatro, es mínimo, y casi no puede hablarse de escenografía; pero Rodríguez logró hacer descender el espíritu de Ibsen en un espacio que no supera las medidas de un patio interior. En el elenco no encontramos en la siempre admirable Lucía Sommer a Nora, por lo menos a la Nora de nuestra imaginación, aunque la actriz compone el papel con esmero y buena dicción. En cambio, fueron de primer orden, además de la interpretación de Franklin Rodríguez, las actuaciones de Fernando Canto como Helmer y de María Filippi como la señora Linde.
CASA DE MUÑECAS, de Henrik Ibsen, en versión de Franklin Rodríguez. Con Lucía Sommer, María Filippi, Fernando Canto y Franklin Rodríguez. Escenografía, vestuario y luces de Mariana Ferreiro, dirección de Franklin Rodríguez. En Espacio Teatro, Mercedes 865.
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