Trágica historia de un marginal devenido en perdurable leyenda
En «Martín Aquino: el matrero», el periodista olimareño Walter «Serrano» Abella reconstruye la historia real de un personaje sin dudas controvertido, cuyo recuerdo aún perdura en el imaginario colectivo.
Con la colaboración del abogado José Javier Vaz Menéndez, el autor condensa en este extenso libro de más de trescientas páginas, el producto de una investigación que le insumió casi cuatro décadas de su vida.
Como lo afirma en el prólogo el colega César de Candia, «Martín Aquino estuvo cerca de un siglo esperando este libro», lo cual, en buena medida, afirma la tesis de otorgar visibilidad pública también a los personajes mínimos de nuestro pasado.
No en vano esta obra que ya llegó a su cuarta edición obtuvo un inesperado éxito de ventas particularmente en el interior del país, donde la leyenda de Martín Aquino se ha trasladado de generación en generación.
En efecto, el masivo interés de los lectores parece radicar en la aureola indudablemente mítica que rodea al personaje y su trágico periplo de supervivencia.
Otro aspecto no menor que atañe a la génesis del suceso editorial, puede estar vinculado al perfil eminentemente épico del matrero, su abierto desafío al sistema y la notoria solidaridad que despertó en sus coetáneos.
En este libro de alto valor documental, Walter «Serrano» Abella confronta, mediante novedosos aportes, el discurso oficial de la época que erigió a Martín Aquino en el prototipo del criminal, cruel e implacable.
La explicitud de los testimonios que cruzan este esclarecedor relato, confirma que la leyenda negra que se tejió en torno a la figura del matrero es una visión bastante distorsionada y alejada de la realidad.
Con el propósito de arrojar luz sobre la verdad, los autores asumieron un minucioso trabajo de investigación, que consistió en la búsqueda y el análisis de documentos y la recopilación de numerosos aportes testimoniales.
Obviamente, los dos pesquisantes recorrieron los lugares por los cuales transitó el personaje, en una crucial experiencia de conocimiento y reconocimiento de los cielos que lo cobijaron.
Acudiendo a múltiples fuentes informativas, Walter Abella reconstruye el origen familiar de Aquino, que, en buena medida, explica su fugaz y trágica peripecia existencial.
En efecto, al igual que su madre, el matrero fue un hijo bastardo que se crió, desde muy pequeño, en la fragua cotidiana y en la lucha por la supervivencia en condiciones particularmente adversas.
Sin fuertes raíces afectivas ni posibilidades de acceder a una educación ni a una vida digna que pudiera depararle un mejor destino, debió madurar antes de tiempo.
Desde el comienzo del relato, se percibe claramente que este mito real del Uruguay profundo guarda notorias analogías con muchos jóvenes marginados contemporáneos.
Más allá de eventuales controversias, Martín Aquino fue una víctima más de ese Uruguay de esperanzas alambradas por el latifundio y agobiadas por el ya retrógrado modelo concentrador.
La narración confirma que tampoco para él hubo un país de oportunidades, que paradójicamente sólo existe en el engolado discurso hegemónico de los falsarios de siempre y verdaderos responsables de las exasperantes asimetrías sociales.
El relato describe el turbulento itinerario existencial de este joven de físico esmirriado y tez morena, que, a los 28 años, prefirió renunciar a la vida antes que a su libertad.
Esta es la historia de un personaje pasional, itinerante y estigmatizado por el desarraigo, que participó efímeramente en las revoluciones que aún sacudían al Uruguay de comienzos del siglo XX e incluso llegó a vestir el uniforme policial.
Aunque algunos testimonios sugieren que habría sido colorado, las versiones de la época no lo identifican claramente con ninguna de las dos divisas partidarias en pugna.
De algún modo, la información aportada permite inferir que a Martín Aquino no le interesaba la política y quizás tampoco la entendía. Su única filosofía de vida era la subsistencia.
Intercalando permanentemente relatos, notas de prensa y testimonios registrados en expedientes judiciales, los narradores reconstruyen la escenografía del primer episodio trágico de la vida del matrero: la muerte del tropero Ferreira.
Partiendo de la premisa que ese fue realmente el origen de su desdicha, porque transformó a Aquino en un prófugo requerido por la Justicia, Abella y Vaz se adentran en los diversos entretelones de este crucial acontecimiento.
En ese contexto, contrastan abundantes testimonios y declaraciones, con el propósito de arrojar luz sobre un hecho plagado de aristas confusas y contradictorias.
La información aportada permite concluir que Aquino fue injustamente acusado de homicidio, ya que su víctima murió casi un mes después de los sucesos y la causa de su deceso habría sido una mala práctica médica.
Aunque no existen dudas respecto a que el matrero realmente atacó e hirió el tropero brasileño en circunstancias jamás aclaradas, no fue realmente el responsable del trágico desenlace.
Esta historia, que está construida mediante un riguroso criterio cronológico, se desarrolla en múltiples parajes del Sur y el Norte del territorio nacional.
Esos fueron los escenarios espaciales por los cuales cabalgó Aquino, huyendo a sus captores amparado en su conocimiento del terreno y ocultándose en ranchos solidarios, donde se le solía proporcionan lugares donde pernoctar y hasta trabajo zafral en tareas rurales.
La narración reconstruye minuciosamente sus cuasi legendarios enfrentamientos con partidas policiales, la audaz fuga de la cárcel de Minas y la muerte de dos altos jerarcas que jalonaron el trágico pero efímero periplo existencial del personaje.
Abella y Vaz alimentan su obra con permanentes referencias históricas, las cuales corroboran que el matrero se transformó en un problema de dimensión política para el poder de la época.
Las crónicas periodísticas reproducidas en este libro, que en la mayoría de los casos califican al fugitivo como un mero asesino despiadado, demuestran la funcionalidad de la mayoría de los medios a los intereses de la clase dominante de la sociedad uruguaya.
Los investigadores logran determinar que el epílogo de las peripecias del matrero fue el desenlace de un complejo proceso, que incluyó una operación policial de inteligencia destinada a ubicar su paradero.
La orden impartida expresamente desde el gobierno- era capturar a Aquino vivo o muerto, pese a que las versiones más fidedignas afirman que el fugitivo se habría quitado la vida cuando advirtió que estaba rodeado y no tenía escapatoria.
El libro, que tiene un fuerte soporte documental e incluye impactantes fotos de la época, es un testimonio crudo y revelador acerca de la trágica existencia del último matrero oriental.
Aunque el relato está concebido con un formato eminentemente novelesco, los permanentes apuntes históricos coadyuvan a interpretar los códigos de un tiempo en el cual los derechos individuales estaban aún seriamente limitados por un abusivo ejercicio del poder.
«Martín Aquino: el matrero» es una novela narrada mediante un lenguaje explícito, elocuente y no exento de cierto vuelo poético, que recrea la historia de un marginado social y protagonista de una dramática peripecia existencial, cuya leyenda -casi un siglo después- perdura en el imaginario colectivo.
(Editorial Fin de Siglo)
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