Intimidades de un retratista de sórdidos micromundos humanos
En «Estás acá para creerme», la periodista María Esther Gilio recopila siete reveladoras entrevistas al magistral escritor Juan Carlos Onetti, de cuyo nacimiento se cumplirá en julio el primer centenario.
La autora, que mantuvo una larga amistad con el emblemático Premio Cervantes uruguayo, se graduó de abogada. Sin embargo, dedicó toda su vida al ejercicio del periodismo, que es su verdadera pasión.
En ese contexto, jerarquizó particularmente el género de la entrevista, que plasmó en reportajes que fueron publicados tanto en medios nacionales como extranjeros.
Durante la dictadura, se exilió en Argentina y Brasil y a su regreso, en 1987, se integró a la redacción del semanario Brecha. También colaboró con Cuadernos de Marcha.
Es autora de los libros «Protagonistas y sobrevivientes» (1969), «La guerrilla tupamara» (1970), que obtuvo el Premio Casa de las Américas, «Personas y personajes» (1973), «Emergentes» (1986), «Construcción de la noche: la vida de Juan Carlos Onetti» (en coautoría con Carlos María Domínguez- 1993), «Aníbal Troilo Pichuco» (1998), «El Cholo González, un cañero de Bella Unión» (2004), «Pepe Mujica: de tupamaro a ministro» (2005) y «Aurelio, el fotógrafo» (2006).
En la actualidad, María Esther Gilio dirige la colección «Vidas rebeldes», que publica Editorial Trilce.
Esta obra incluye una selección de coloquios mantenidos con Juan Carlos Onetti, fruto de una entrañable relación de amistad de más de tres décadas con el controvertido escritor.
En estas auténticas sesiones de interpelación, la periodista no soslaya preguntas de tono por momento irreverente, que se desarrollaron en el marco de un juego de mutuo respeto y seducción.
El libro penetra el casi siempre inescrutable universo personal del magistral novelista, poblado de insomnes madrugadas de alcohol, tabaco y creación literaria.
Los diálogos muchos de los cuales exhiben un tono desenfadado- trasuntan la extrema complejidad que requirió comunicarse con un hombre a menudo hosco y poco permeable a la requisitoria periodística.
El trabajo, que más allá de su formato de presentación está dotado de un trazo eminentemente biográfico, desnuda tanto al creador como al Juan Carlos Onetti de carne y hueso.
Este singular personaje de la cultura uruguaya fue uno de los más inconmensurable creadores de la literatura contemporánea, cuya obra ensaya una ácida radiografía de la condición humana.
Desde la publicación en 1939 de su emblemática novela «El pozo», Onetti marcó un crucial rumbo en la narrativa hispanohablante, mediante un estilo frontal, cuestionador y despiadadamente incisivo.
Su obra, mayoritariamente ambientada en el paraje mítico de Santa María, es una suerte de apología del desencanto, poblada de seres marginales y micromundos clausurados por la angustia y la resignación.
Los antihéroes que transitan los paisajes humanos de las historias de Onetti son seres dramáticamente desencantados, vulnerables y hasta rayanos en la paranoia.
Aunque en todos los casos se percibe una radical sensación de inexorabilidad y derrota, las criaturas literarias no se resignan a su suerte, por más que saben de antemano que nada pueden hacer para modificar sus dramáticos destinos.
En el prólogo de este trabajo, María Esther Gilio evoca sus primeros encuentros con el genial autor uruguayo, que corroboran sus iniciales dificultades para comunicarse con una persona poco afecta al contacto con la prensa.
La persistencia y sagacidad de la autora logró la consumación del milagro, lo que inició una prolongada amistad que se plasmó en numerosos y jugosas entrevistas.
Narrando su experiencia como una novela, la autora describe minuciosamente su primera visita a la casa que el célebre escritor compartía con su amada Dolly, que fue su cuarta esposa.
En ese contexto, la periodista construye una reveladora pintura de ambientes, que permite visualizar el universo íntimo de su entrevistado, con habitaciones atestadas de libros, manuscritos y botellas de bebidas alcohólicas.
El descomunal desorden de ese espacio físico que atesoraba su micromundos, opera como una suerte de metáfora del espíritu rebelde, caótico y radicalmente inconformista del anfitrión.
En este primer capítulo, ya se inaugura el auténtico duelo de inteligencias que marca el ulterior derrotero de toda la obra, la cual abunda en osadas interpelaciones de la entrevistadora y en recurrentes evasivas del entrevistado.
En la segunda entrevista, María Esther Gilio incursiona valientemente en los territorios de un Onetti bastante renuente a hablar de sí mismo pero muy proclive a comentar su obra.
En todo momento, el diálogo confirma que el narrador vivía a través de sus personajes, con los cuales se mimetizaba al punto de demoler las fronteras entre la realidad y la ficción.
María Esther Gilio exhibe toda su sabiduría para reconstruir al hombre que se oculta bajo la epidermis del mito, presentando a un ser bien humano, pasional, afecto al consumo de alcohol y tabaco y a la escritura en posición horizontal.
En buena medida, esta es una imagen claramente admonitoria, que anticipa sus últimos años postrado en una cama y voluntariamente recluido en el acotado espacio de su dormitorio.
La tercera entrevista es una jugosa viñeta que evoca la visita de un grupo de cineastas canadienses, que acuden a entrevistar a Onetti en su propio domicilio.
El intercambio verbal entre los entrevistadores y el famoso autor promueve diálogos de tono si se quiere bastante jocoso, que trasuntan cierta sensación de fastidio de Onetti por la invasión de su intimidad.
La cuarta visita reproducida en este libro tiene como escenario a la ciudad de Madrid, a donde María Esther Gilio acudió en 1979 tras los pasos del exiliado escritor, quien por entonces se aprestaba a publicar «Dejemos hablar al viento».
En este momento, aflora el proverbial hermetismo del novelista, que se resiste a comentar el tema y el contenido de su flamante obra, como queriendo protegerse del mundo exterior.
Sin embargo, afloran las primeras referencias nostálgicas respecto a su Montevideo, algunos amigos y sus sentimientos de pérdida por la lejanía compulsiva.
El siguiente coloquio, que se remonta a 1991 también en la capital española, promueve elocuentes referencias del escritor a la primera guerra del golfo, la agresión imperialista y otras definiciones políticas. Ya Onetti se había transformado en un noctámbulo empedernido, que permanecía la noche en vigilia y dormía apenas unas pocas horas durante el día.
Las dos últimas entrevistas trasuntan el notorio descaecimiento y deterioro físico del genial novelista, que pese a su espíritu reservado jamás se negó a dialogar con su entrañable amiga.
Este libro condensa momentos y definiciones cruciales del paradigmático autor de «El pozo», su hermético mundo íntimo, su revulsivo y siempre fermental universo literario y sus tempestuosas inflexiones emocionales.
Este trabajo tiene la intrínseca cualidad de colonizar los conflictivos territorios del hombre que habita debajo del mito, sus recuerdos de adolescencia, sus amores, sus permanentes enfrentamientos con la crítica, sus libros y autores preferidos y sus más recurrentes angustias existenciales.
«Estás acá para creerme» es una minuciosa radiografía que descubre e interpela al Juan Carlos Onetti real, cuya inconmensurable obra retrata magistralmente las más terribles decadencias de la condición humana.
(Editorial Cal y Canto)
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