Hermano Carlos.
Fue un hombre íntegro en su trabajo, en su entrega al teatro, en su profesionalidad, en la dignidad con que supo afrontar los altos y los bajos de su carrera artística. Fue exitoso, pero nunca soberbio, fue excelente compañero de trabajo, querido y admirado por todos sus compañeros. Fue, nada más ni nada menos, que un hombre bueno. Comenzó su carrera teatral en El Grupo La Máscara, allá por la década del 60. Fue subiendo peldaño a peldaño hasta conseguir un sitio de honor en la escena uruguaya. Supo resistir con dignidad las penurias de la dictadura, haciendo obras de clara resistencia, a la par que de indudable valor artístico. Pertenecimos a la misma generación de los 60, hicimos varios espectáculos juntos, ejercimos también a dúo la docencia en aquellos años aciagos en los que había que poner a prueba la imaginación para poder comer, respirar y vivir. Al cabo de los años nos reencontramos trabajando en la Dirección de Cultura del MEC, donde seguimos haciendo brotar ideas, que se fueron llevando a cabo con la invalorable colaboración y adhesión afectiva de un grupo humano extraordinario. Yo dejé de trabajar allí, pero igual me mantuve en contacto con él y con el resto de los amigos que hoy, no solo lo extrañamos, sino que lamentamos que en estos últimos tiempos, cuando su talento y profesionalismo se encontraban en la plenitud, no haya sido lo necesariamente valorado. Pero las administraciones pasan, los hombres de talento y buenos, no.
Jorge Arbeleche
Compartí tu opinión con toda la comunidad