Cuando la esperanza late bajo la epidermis de la indigencia
Hugo Acevedo |
En «Vagabundo y errante», el escritor y periodista uruguayo Mario Delgado Aparaín construye un variopinto mosaico humano, que reflexiona en clave de humor y desencanto- acerca de la pobreza y la eterna resurrección de la esperanza.
El autor, que es una de las figuras referentes de la literatura nacional contemporánea, ha logrado construir una sólida identidad creativa, sustentada en su indudable talento narrativo, sus intrínsecas cualidades de agudo retratista y su siempre frondosa imaginación.
Durante más de dos décadas, los relatos del autor floridense transcurrieron en dos parajes ficticios pero no menos apasionantes: San José de las Cañas y Mosquitos.
Estos territorios literarios, semejantes más allá de particularidades a la mítica Santa María onettiana o al Macondo del venerable Gabriel García Márquez, son las locaciones geográficas donde transcurren las emotivas historias de Delgado Aparaín.
Aunque son ambientes rurales en los cuales se respira el aroma de nuestra intransferible idiosincrasia vernácula, el énfasis narrativo se desmarca radicalmente de la impronta de la literatura nativista convencional.
Estas narraciones ambientadas en el Norte y el Sur que han marcado el periplo creativo del autor, son, en realidad, fragmentos de vidas mínimas condensados en la peripecia literaria.
La ya extensa producción de Mario Delgado Aparaín abarca los siguientes títulos: «Por mandato de madre», «La balada de Johnny Sosa», «Las llaves de Francia», «Alivio de luto», «La leyenda del fabulosísimo Cappi», «No robarás las botas de los muertos», «El canto de la corvina negra» y «Los peores cuentos de los hermanos Grim».
En «Vagabundo y errante», Delgado Aparaín traslada su pluma, por primera vez, a los habitualmente ajetreados y paranoicos paisajes urbanos de Montevideo.
Sin embargo, esa circunstancia no modifica radicalmente los tiempos narrativos, que, en buena medida, conservan el ritmo deliberadamente pausado que ha caracterizado a toda su obra.
En efecto, contrariamente a lo que podría suponerse, ni los personajes ni los ambientes trasuntan la vorágine de una ciudad recurrentemente gobernada por el estrés y el paroxismo.
El protagonista de los nueve relatos que integran este libro es Pedro P. Pereira, apodado el Conde de Caraguatá, un marginal que habita en el Parque de los Aliados, un paradisíaco «pulmón» verde muy próximo al Hospital de Clínicas y el Estadio Centenario.
El entrañable Pedro P. tiene mucho de los linyeras de hace cuarenta o cincuenta años, que arrastraban su pobreza con dignidad y hasta se permitían filosofar sobre la vida cotidiana con los vecinos del barrio.
Para ellos, la indigencia no era una tragedia como sí sucede contemporáneamente, porque, pese a todo, eran parte de una sociedad que los integraba y casi nunca los discriminaba.
Este ilustre Conde de Caraguatá, que es una extraña mixtura entre el héroe y el antihéroe, rescata toda la ternura y solidaridad que aún anida en una comunidad crudamente impactada por la fragmentación social.
Transformando a su protagonista en todo un personaje, Mario Delgado Aparaín elabora una ficción literaria que privilegia particularmente lo fantástico, lo anecdótico y el apunte jocoso.
Según las circunstancias, Pedro P. Pereira es un protagonista de la peripecia narrativa o bien un relator de historias, que fabula febrilmente para integrar a sus eventuales interlocutores a su propio mundo de fantasía.
En «El cumpleaños de Jesús Pelayo», el personaje central de estos cuentos participa en una cena con un grupo de amigos en plena Ciudad Vieja, obviamente a la intemperie.
Los convidados al ágape, que son todos marginales, degustan un guiso elaborado con restos de alimentos de restaurantes cercanos. Naturalmente, acompañan el «manjar» con un buen vino, remanente de algún festejo inconcluso.
La conmovedora imagen sugiere el espíritu solidario de estos seres huérfanos y socialmente marginados, que han aprendido a compartir el rigor de la adversidad sin renunciar a su intrínseca humanidad.
Por su parte, «El sombrero emplumado del Marqués de Valdelirios» es una delirante parodia ambientada en el «hábitat» del Parque de los Aliados, que integra como personaje nada menos que al presidente brasileño, Luis Inácio «Lula» da Silva.
En este caso, más allá de la fuerte apelación a la fantasía, el autor ensaya sin explicitarlo- una regocijante lectura que refiere claramente al propio origen humilde del gobernante del país más poderoso de nuestro continente.
«Las arrugas de la existencia» enfatiza aún más el acento surrealista del discurrir literario del autor, a través de la peripecia de un ignoto mozo de bar que cultiva dos pasiones que nada tienen en común: escribir poesía y planchar.
Este divertido cuento largo, que tiene mucho de aleccionante, es realmente una parábola sobre el siempre inexorable destino del ser humano, sus grandezas y miserias.
Pese a su sesgo humorístico, «El vino de la viuda» es una historia bastante desencantada que refiere a un marido desesperado, cuyo matrimonio acaba de naufragar amargamente a causa de una inconveniente borrachera.
También este relato tiene moraleja, que atañe a la extrema vulnerabilidad de las mentiras y a los errores que suelen ser irreparables.
Una de las narraciones más divertidas y disfrutables por su ironía y desenfadada agudeza, es «La falsa luz que hipnotiza al bobo». En efecto, el presunto mojo de Aparicio Saravia con el cual el protagonista sazona el asado, constituye un desopilante apunte costumbrista.
Aunque conserva el tono paródico que caracteriza a toda la obra, «Un poco de frío en el alma» es un cuento que identifica uno de los mayores problemas de la supervivencia a la intemperie durante la estación invernal: el riesgo de la hipotermia.
Sin embargo, como en todos los casos, Mario Delgado Aparaín resuelve esta viñeta de médicos y estudiantes de medicina en pleno trabajo de campo en el Parque de los Aliados, con su habitual carga de humor.
«Los dioses verdes del amanecer» es una historia de suicidas, que bien puede inferirse ambientada durante la crisis del 2002. No obstante, el autor se las ingenia para transformarla en una suerte de alegato a favor de la vida y de los perdurables valores de la condición humana.
Finalmente, «El milagro del turco Abdula» y «Cuándo terminará la guerra» son dos jocosas historias que poseen un tenue barniz político, que invocan el sempiterno conflicto de Medio Oriente, la desintegración de la antigua Yugoslavia, la incorporación de los tupamaros al mapa político nacional y las fraternales relaciones con la Cuba revolucionaria.
En «Vagabundo y errante», Mario Delgado Aparaín confirma, una vez más, su fina sensibilidad para retratar minuciosamente conductas humanas y su indudable poder de comunicación.
De su pluma brota la emotividad de un escritor fuertemente comprometido con la realidad de su tiempo histórico, que gotea caudalosamente en estas historias mínimas pobladas de pequeños actos de heroísmo y solidaridad.
Más allá de la permanente apelación a la ficción, tanto los personajes como las situaciones trasuntan la existencia de una comunidad paralela de marginales disociada de la sociedad, que posee sus propios códigos y valores. Aunque Delgado Aparaín soslaya toda reflexión política, resulta obvio que su obra tiene un indisimulable propósito testimonial.
(Edición de la Banda Oriental)
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