DOS NOCHES DE REENCUENTRO Y EMOCION CON LOS OLIMAREÑOS
Los Olimareños habían anunciado que regresaban al escenario para saldar una deuda contraída con la gente y lo cierto es que la saldaron con creces.
La hora de comienzo de los conciertos había sido pactada para las 21.00, sin embargo, desde la media tarde en el entorno del Estadio Centenario se vivía ese clima festivo y al mismo tiempo de cierto nerviosismo que suele caracterizar a las horas previas a un gran acontecimiento. Improvisados puestos de venta de banderas uruguayas y frenteamplistas, así como de prendas de vestir, gorros y objetos con los nombres e imagen de los artistas ofrecían su mercancía a quienes buscaban ingresar al coliseo que se ha erigido como monumento al fútbol. No sería la emoción de once contra once y pelota al medio, sería la emoción del reencuentro. Del reencuentro con dos artistas cuyas personalidades trascienden el mismo arte, con dos seres humanos que han acompañado con sus voces y también con sus actitudes el devenir de la sociedad uruguaya de los últimos cuarenta años. También el reencuentro entre sí de simples ciudadanos de a pie, esos que han sostenido a Los Olima en la consideración popular, esos que con una sonrisa a flor de labios buscaban reconocer caras y gestos entre la multitud, buscaban reencontrarse con sus pares, con sus semejantes.
A las 21.25, en las tres pantallas gigantes situadas, dos de ellas en ambos extremos del escenario y la otra en el centro del mismo, se proyectaron imágenes y palabras de la ceremonia realizada el jueves en la mañana en la IMM cuando Pepe Guerra y Braulio López fueron declarados «Ciudadanos Ilustres de Montevideo». Posteriormente, con imágenes alusivas, el periodista y poeta treintaitresino «Serrano» Abella leyó una emotiva carta que Ruben Lena había enviado al dúo en sus albores, en el año 1964.
Inmediatamente los artistas estuvieron en escena acompañados por Víctor Amaral en teclados, Luis Jorge Martínez en batería, Enrique Lafourcade en bajo y Alejandro Turubich en percusión, a quienes se sumó en un tema el excepcional violinista Jorge Ricci.
Desde el arranque con la movilizadora «Del Templao», pasando por el aire melancólico de «No te olvides», canción a la que se plegó Yanina Guerra, la hija de Pepe llegada de México especialmente para esta ocasión, las épicas «Milonga del fusilado», «Cielo del 69″ y «Hasta siempre», y culminando en «Orejano» una canción que brinda su santo y seña, su identidad al dúo, Los Olimareños pusieron en escena 37 canciones con su estilo inimitable: canciones de porte luminoso y también canciones desgarradas, unas con gran apoyatura de contrabajo, teclados, batería y percusión y otras ejecutadas en climas minimalistas con un refinamiento ejemplar (en el caso puntual de los temas de Todos detrás de Momo), apoyados por la magnífica batería de murga que viene a ser La Tríada, tanto en su variedad de repiques como en el «marcha a camión», una suerte de percusión notablemente prolija.
La magia se extendió incluso a la «confusión» con la letra de la emblemática canción «Los dos gallos» que solo agregó emoción a la noche del viernes.
Lo cierto es que en este reencuentro y al mismo tiempo despedida, Los Olimareños dan su jaque mate a la música popular uruguaya. Alguien podría señalar que se trata de reiteraciones, pero aun aceptando esta tesis, Los Olimareños demostraron una vez más que tienen un majestuoso poder de convocatoria y, lo que es aún más importante, de convicción. Qué gusto ha sido volver a verlos cantando juntos sobre un escenario. Qué gusto que haya sido rodeados del afecto de miles de orientales, qué gusto que la infraestructura, el escenario, la batería de sonido, de luces y de imágenes haya sido «del primer mundo». Vale aquí destacar la profesionalidad y eficacia de Belgrano Producciones que no dejó ningún detalle librado al azar. Vale reconocerlo. Presentados con una poderosa batería de luces y sonido, ambos conciertos colmaron la expectativa de los asistentes que siempre siguieron con atención y emoción a flor de piel cada uno de los temas que se sucedieron desde el escenario.
Dos noches para los mejores recuerdos, dos noches en que la luna llena, a la vista y también oculta cual una obra de Cuneo, acompañó las intensidades emotivas que se vivieron a pleno en dos conciertos que, además de sus versiones en DVD y en disco, quedarán registrados en eso que llamamos «la memoria popular».
FIGURAS DEL GOBIERNO
Ovacionado y aplaudido por la multitud, en la noche del viernes cuando faltaban dos minutos para la hora 21.00 ingresó al estadio el precandidato del Frente Amplio José ‘Pepe’ Mujica acompañado por su esposa, la senadora Lucía Topolansky. Ventidós minutos después fueron conducidos detrás del escenario para saludar personalmente a los artistas. En la platea más cercana al escenario se pudo apreciar a gran parte del elenco gubernamental. Allí estuvieron, entre otros, el viernes Jorge Vázquez, Gonzalo Fernández, Eduardo Bonomi, Ernesto Agazzi, Héctor Lescano, María Julia Muñoz, Marina Arismendi, Víctor Rossi, Ricardo Ehrlich, Mauricio Rosencof, Julio Baráibar, Lucía Topolansky, Rafael Michelini, Javier Miranda. El sábado se hizo presente el precandidado del FA, Marcos Carámbula, que también saludó a los artistas en su camerino.
LAS 37 CANCIONES
El repertorio completo y el orden en que fueron interpretadas las canciones fue el siguiente: Del Templao, Nuestra razón, Nuestro camino, La ariscona, Vivian, Rumbo, Adiós a Salto, Sembrador de abecedario, Isla Patrulla, Las dos querencias, El matrero, Pobre Joaquín, La niña de Guatemala, El dinero, Por donde se fueron ellos, No te olvides, Este es mi pueblo, Nostalgias olimareñas, Simón Bolívar, Un estandarte de luz, Ta’ llorando, La yarará, El campo grande y solo, El gran remate, Los grandes caballos, Noche noche, Milonga del fusilado, Los Orientales, Cielo del 69, Angelitos negros, Orejano, De cojinillo, Candombe mulato, Los dos gallos, Hasta siempre, Al Paco Bilbao y A don José.
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