40 AÑOS DE DEMOCRACIA

La historia, que algunos investigadores suelen representar como un trayecto circular, es, empero, la mayor partera de los grandes cambios y transformaciones políticas, sociales y culturales.

Sin embargo, la obsesiva contumacia propia del ser humano, depara habitualmente circunstancias traumáticas y reiteradas experiencias dolorosas.

El fracaso, que es inherente a la lógica causal, suele ser intrínseco a la miopía intelectual de quienes se arrogan el monopolio de la verdad, sin advertir su condición de seres falibles y susceptibles de cometer errores.

Un ejemplo explícito de esa compulsión humana a equivocarse son los pronósticos de los profetas del neoliberalismo, quienes, al sobrevenir la crisis del denominado socialismo real, vaticinaron la inexorable muerte de las ideologías.

Henchidos de júbilo por el derrumbe del modelo soviético y de sus aliados, proclamaron el advenimiento de un nuevo sistema unipolar regido por el mercado.

La teoría se transformó en la más despiadada praxis, con la aplicación de severas recetas que incluyeron un aumento de la dependencia, experimentos de desregulación laboral, irresponsable apertura de las economías, desmantelamiento de los aparatos estatales y otorgamiento de financiamiento internacional en condiciones extorsivas.

Sin embargo, la propia dinámica de la historia corroboró que nadie tiene la paternidad de la verdad. El estrepitoso cataclismo financiero e inmobiliario de dimensión global originado en la especulación, es un categórico ejemplo de la persistencia en el error.

Como siempre, la única víctima de los excesos perpetrados por los zares de la economía mundial, es la clase trabajadora y los sectores de ingresos fijos, que habitualmente no se benefician con el crecimiento de la riqueza.

En «40 años de democracia económica, social y política», el Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay, Franklin González, elabora un minucioso ensayo que pauta la peripecia histórica de su país durante la segunda mitad del siglo pasado.

A la luz de la revolución bolivariana encabezada por el presidente Hugo Chávez, este trabajo confirma que Venezuela sí atendió las lecciones de la historia, asumiendo cabalmente el paulatino agotamiento del modelo capitalista de acumulación.

La prueba de ello es el radical cambio experimentado por la hermana nación latinoamericana, que le ha permitido situarse en una posición de liderazgo en materia de integración regional.

Al abordar la primera fase del proceso histórico iniciada en 1958, el autor analiza el fenómeno de maduración institucional experimentado por su país, que devino en una consolidación y profundización de la democracia.

Franklin González examina luego el lapso comprendo entre 1974 y 1989, en el cual la mayor prioridad fue otorgada al crecimiento económico, aunque la cuestión social no fue adecuadamente atendida.

El diplomático sitúa el punto de inflexión en la década 1989-1999, cuando el agudo deterioro de las condiciones de vida de vastos sectores de la población derivó en el desencanto y el descontento popular.

En el último capitulo de este trabajo, el autor explica algunos de los rasgos de la filosofía social solidaria e igualitaria que inspiró el proceso refundacional de la Venezuela bolivariana.

El nuevo modelo implantado por el presidente Hugo Chávez, corrobora la plena vigencia de las utopías transformadoras y el escandaloso fracaso de los oscuros pronósticos de los contumaces voceros del neoliberalismo.

 

(Edición de la República de Venezuela)

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