CD doble de Miles Davis en vivo
El primer disco incluye los temas «Moja» y «Wili» y el segundo «Tatu» y «Nne», todos compuestos por el director. Cada CD tiene una duración de poco más de 50 minutos.
Es fácil suponer que el público presente haya quedado extasiado con el espectáculo de ocho músicos (nueve, si se considera que el saxo tenor Azar Lawrence fue invitado a participar en «Tatu») que desde el primer segundo descerrajaron una andanada rítmica y musical que cortaba el aliento.
Davis en trompeta y órgano, Dave Liebman en flauta y saxos tenor y soprano, Michael Henderson en bajo eléctrico, Al Foster en batería, Mtume en percusión, más tres guitarras eléctricas a cargo de Pete Cosey, Reggie Lucas y Dominique Gaumont, fueron suficientes para generar, de principio a fin, una tromba sonora de densas urdimbres en las que se descargaron espesas sonoridades africanas con influencias funk de Sly Stone y James Brown.
Pero ese éxtasis que pudo vivirse en el concierto desaparece en la audición de los discos, aunque el oyente se imagine los movimientos de los instrumentistas en el escenario, sus coloridas vestimentas, las luces cambiantes. Escuchar estos cien minutos de un tirón implica un esfuerzo que puede terminar provocando la distracción por hastío.
Hay larguísimos pasajes en los que la vehemencia del sector rítmico es tan abrumadora que es inevitable sentir una monocorde uniformidad, agravada por el hecho de que todos tocan a tan altos decibeles que la grabación se convierte en una bola sonora en cuya mezcolanza es difícil distinguir los diferentes instrumentos.
En medio de esa pulsación enérgica y homogénea, el espíritu jazzístico que se podría esperar de los solos de Davis, de Liebman y de Lawrence, se limita a soplidos espaciados y de corta duración, bastante sobreagudos e irritantes, ajenos al concepto del fraseo improvisado del jazz y sin conexión aparente con lo que manejan los demás colegas. Esto mejora un poco en el CD 2, donde la ejecución se hace más abierta y la atmósfera más respirable.
La rutilante trayectoria de Miles Davis (1926-1991) incluyó memorables acciones en el bop y el hard-bop, las innovaciones del cool-jazz y el sistema modal, el lanzamiento del jazz-rock y las bases de la fusión. Constantemente estuvo iniciando nuevos caminos y por ello el mundo musical lo considera un genio del siglo XX.
«Me gustan los desafíos y las novedades, que acrecientan mi vigor», manifestó en su autobiografía. «Lo mío es lo contemporáneo. Tengo que estar siempre en la cresta de la ola, simplemente porque así he sido siempre y así soy». Pero esa búsqueda de lo nuevo terminó convirtiéndose en un frenético deseo de experimentar y de ser distinto a los demás a cualquier precio.
Miles venía de grabar álbumes exitosos en 1969 y 1970, como «In a silent way», «Bitches brew» y «A tribute to Jack Johnson». No quiso seguir en esa dirección, se sumergió en 1972 en la tupida electrónica funky de «On the corner» y, después de este controvertible «Dark Magus», produjo un par de discos más y se vio obligado a retirarse por razones de salud.
El alcohol, la cocaína, la úlcera hemorrágica estomacal, los nódulos en la laringe y problemas en piernas y caderas, lo borraron de toda actividad durante varios años. Además «estaba espiritualmente hastiado de los muchos embrollos en que me había metido. Me sentía artísticamente exhausto, agotado. No tenía musicalmente nada más que decir». Volvió en 1980, con deseos de seguir modificando el curso de la música negra estadounidense.
Compartí tu opinión con toda la comunidad