REEDITARON DOS DISCOS DE EL SABALERO JOSE CARBAJAL

Son dos discos que forman parte de lo mejor de la música popular uruguaya de todos los tiempos. Dos discos de catálogo que han devenido en clásicos. Angelitos es el registro fonográfico grabado «en vivo» en ocasión del regreso de Carbajal tras el exilio. La canción que da nombre a la placa fue cantada por primera vez en nuestro país en el Estadio Luis Franzini ante veinte mil personas y quedó registrada en esta placa junto a otras que el artista lacazino interpretó en el recordado concierto que ofreció el 3 de noviembre de 1984. La canción «Angelitos» fue escrita durante el exilio de su autor en Francia y México y formó parte de la banda de sonido de un filme documental que registró la historia de los hermanos Anatole y Victoria Julien, su secuestro y luego su aparición abandonados en una plaza de la ciudad de Santiago de Chile. Este filme fue exhibido clandestinamente por Cinemateca Uruguaya a principios de la década de los años ochenta. Allí fue que por primera vez, los uruguayos escucharon esta canción, que incluso luego del retorno a la democracia, la mayor parte de los medios de difusión censuraron y mantuvieron en el silencio, a pesar de que su autor la interpretó siempre en cada uno de sus espectáculos.

Por otra parte, el disco La casa encantada recoge asimismo un espectáculo grabado «en vivo» en la desaparecida Casa del Teatro, de Cerminara y Restuccia, el 7 y 8 de abril de 1994. Este trabajo, que fue editado en formatos compacto, casete, libro y video, significa una síntesis de su vastísima producción. En él, el cantor y narrador reúne las vivencias más trascendentes de su infancia, su adolescencia y su primera edad adulta.

El video fue presentado con un concierto el 10 de diciembre de 1994 en la Sala 18 del Teatro El Galpón y el libro también acompañado por un recital fue presentado en el Teatro Solís el 28 de marzo de 1995.

Ese disco es precisamente el que ahora ha sido reeditado por el sello Bizarro y en el que entre otras célebres canciones se pueden escuchar «Chiquillada», «Pal´ abrojal», «La sencillita», «La trocha angosta», «No te vayas Pedro», «Carita gris», Pa´ acarrear el agua», «Los panaderos», «Colmeneras», «No te vayas nunca compañera», «Johanna», «Techos de zinc», «Grillo cebollero», «A mi gente» y «Los amigos».

Estas canciones son interpretadas en el marco de un rico entramado de relatos contados algunas veces con mansa ternura, otras con profundo desgarro, y siempre con un incuestionable poder de seducción. El Sabalero canta y encanta acompañado por sus compinches musiqueros, una excepcional banda de músicos, quienes alimentan la narración con una fina sutileza. Piano, guitarras, percusiones y armónica se introducen en la profundidad del bajo y envuelven la narración que se transforma casi en una confesión de los amores del autor. Su primera familia, vecinos, amigos, el pueblo pequeño abrazado por el enorme río de los sábalos. Los colores, luces, olores y sonidos entran en el disco y casi, casi tocan al auditor. Una maravilla.

En el librillo que acompaña el disco nuestro querido y recordado compañero Raúl Forlán Lamarque afirma: «José Carbajal, ya no solamente el compositor de una doblegadora obra fundada, sino ese narrador, el que sabe, del que emana una imagen por siempre calurosa y abrazadora, puede permitirse una excursión por las diferentes estaciones de su vida. Acaso porque este tiempo, tan confuso y vertiginoso, tan viasatelizado y farandulesco, merece estos puntos de apoyo, este balance en clave íntima que supone La Casa Encantada, para cotejar entonces el entorno y la época y para revisarse desde adentro de los afectos más intensos y profundos.

José Carbajal es un clásico. Y por lo tanto una voz de catálogo, lo que viene a suponer o en todo caso a concluir, que se trata de un irrepetible. Verlo y escucharlo es siempre un manjar para los sentidos, seguramente porque Carbajal tiene el mérito superior del que cuenta canta y encanta. Es un artista mayor , o sea un imprescindible y en consecuencia su obra, tan encantada y encantadora como los interiores de su casa de Juan Lacaze, posee la mejor de las condenas: la de haberse vuelto perdurable».

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