Egofobia
He notado que hay una resistencia difícil de vencer, una renuencia notoria, a expresarse en primera persona del singular. Es así que podemos oír a un diputado decir: «Como lo hemos sostenido desde que nos iniciamos en la vida política…» O a un profesor: «Lo que explicamos en la clase pasada…».
Muchos lo atribuyen a una suerte de modestia que lleva a evitar un yoísmo probablemente pedante o antipático; pero el asunto que me preocupa es que se produce un abuso de este recurso retórico. Obsérvese, por ejemplo, el enunciado siguiente: Cuando asumimos al frente del Ministerio, planteamos nuestra inquietud…. ¿Cómo? ¿Se trata de un Ministerio a cuyo frente hay un colegiado? El ministro que así se expresa, ¿habla en su nombre y en el del subsecretario, por ejemplo? Y la cosa no para aquí; he llegado a oír expresiones como esta: Fuimos nombrados director, en un notorio apartamiento de las normas de concordancia. Pero el colmo de esta manía –que yo catalogaría de egofobia– tiene lugar cuando en un reportaje, el entrevistado pasa de la primera del plural a la tercera del singular. Ya no es el intento de disimular un posible egocentrismo; ya es casi una esquizofrenia: habla de sí mismo como si fuera otro. Se entrevista a Juan Pérez, y éste dice: «Ahora vamos a recorrer los barrios para conversar directamente con los vecinos, porque Juan Pérez no se olvida de sus votantes».
–Yo me pregunto: cuando habla de su esposa, ¿también dirá nuestra esposa? Porque si es así, esa señora estaría pecando de poliandria, ¿no halla, Mendieta?
–¡Qué hombre leido, qué lo parió!
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