EL GENIO ICONOCLASTA
Denostado, venerado y a menudo hasta ignorado, Juan Carlos Onetti fue, empero, uno de las figuras señeras de la literatura uruguaya, que plasmó descarnadamente nuestra idiosincrasia más profunda, esa que muchas veces nos negamos a asumir.
Muchos cuestionaban su estilo caracterizado, entre otras facetas, por oraciones largas y tortuosas, que expresaban conceptos que parecían perderse. Sin embargo, al final, retomaban una asombrosa unidad que las transformaba en pequeños relatos en sí mismas.
También se solía criticar lo desesperanzado de sus historias, la ominosa sensación de inexorabilidad que permea sus narraciones y sus novelas y esa certeza implícita de que el destino de cada personaje, presumiblemente desolador, ya está marcado de antemano, como si se tratara de una tragedia griega clásica.
Lo cierto es que todos esos elementos conformaban una profunda visión, tanto de nuestra sociedad como del mundo, un mundo aquejado de una dramática decadencia moral, que el autor retrató magistralmente por primera vez, en 1939, en «El Pozo».
Los personajes de sus obras suelen caracterizarse por perseguir una ilusión que saben absurda e inalcanzable. Sin embargo, esa utopía otorga sentido a sus vidas.
Las tortuosas criaturas literarias que habitaban al genial autor sabían que ya todo estaba escrito desde antes, por un algo que trascendía a su voluntad.
Sin embargo, su heroísmo, si es que puede aplicarse a personajes en general individualistas y altamente cuestionables moralmente, consiste precisamente en librar esa batalla contra un oscuro destino.
El concepto de fracaso es esencial en la obra de Onetti y una idea que el trabajaba en profundidad, incluso en las escasas entrevistas a las que accedió, como un propósito más alto que la búsqueda del éxito.
Mucho se ha escrito sobre Juan Carlos Onetti. En la gran mayoría de los casos, más allá de innegables méritos académicos, del importante acopio de información y del exhaustivo análisis de la obra, la mayor parte de los enfoques insiste en quedarse con la imagen más difundida del autor.
La leyenda pinta a Onetti como un hombre hosco, taciturno, indiferente y hasta rudo con aquellos que se le acercaban, que detestaba la compañía y ansiaba la soledad.
Esta oscura mitificación del Onetti hombre, a la cual contribuyó el propio escritor, si bien tiene un sustento real, no pasa de ser una visión meramente superficial de un personaje bastante más complejo y mucho más rico.
En «Onetti: perfil de un solitario», obra de reciente reedición, el escritor y periodista Omar Prego Gadea, que es un profundo conocedor de la obra del emblemático novelista compatriota, ofrece una reveladora aproximación al ser humano que se guarecía tras el Onetti narrador.
El autor conoció a Juan Carlos Onetti en persona, siendo uno de los pocos privilegiados que disfrutó de su amistad. Ello le permitió construir un minucioso y entrañable retrato del admirable creador, descubriendo al hombre que se ocultaba bajo esa eterna imagen de angustia, soledad y cinismo.
En este libro imprescindible, Prego Gadea rescata al Onetti sensible, afectuoso con sus amigos, enamorado de su mujer, fiel a sus convicciones y capaz de emocionarse profundamente ante un tango o un buen libro. Sin embargo, no soslaya sus dilemas, sus miedos, sus dudas, sus temores, sus fobias y sus contradicciones.
(Ediciones de la Banda Oriental)
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