En escena. Neva y Diciembre, del 22 al 24 de este mes

Teatro en el blanco estrenó dos obras en la sala Nelly Goitiño

El extraordinario éxito de «Neva», presentada en el Festival Iberoamericano de Cádiz en el año 2007, indujo a Pepe Bablé a ofrecer el particular ámbito del festival y de la ciudad de Cádiz para el estreno mundial de «Diciembre» en el 2008, nuevamente con éxito de público. Con «Simplemente el fin del mundo» de Jean Luc Lagarce, por el grupo Los ojos del hermano eterno (Colombia; dirección de Manuel Orjuela), «Diciembre» fue lo mejor del festival.

Guillermo Calderón nació el 18 de marzo de 1971, cursó estudios de actuación y recibió por «Neva» los premios correspondientes a la obra y a la dirección. Todos los integrantes de Teatro en el blanco son profesores universitarios en el área teatral: Calderón, Trinidad Gónzalez y Paula Zúñiga son profesores de actuación (Zúñiga también enseña movimiento), Jorge Becker lo es de educación de la voz. Guillermo es soltero, usa el pelo, castaño o rubio, muy corto, tiene ojos azules meditativos; aunque cordial y comunicativo, su casi infinita seriedad y aplomo parece rodearlo de un aura de reserva y custodia de su privacidad. Por la vía del correo electrónico tuvimos con Guillermo Calderón la siguiente entrevista.

 

­Al comentar «Diciembre» para LA REPUBLICA creímos ver en la pieza el choque de tres éticas: la de los deberes hacia los demás, la de la protección de la vida y los sentimientos y la de la autorrealización. ¿Qué pensás de eso?

­Me parece una lectura fascinante. Me gustaría que quedara claro para los espectadores que la moral que defiende Paula es suicida. Ella cree que es posible ganar guerras pero no se da cuenta que es un suicidio colectivo que esteriliza todas las relaciones sociales y la posibilidad de existir.

 

­No entendí el final, o el desenlace, de «Diciembre». ¿Puedes ayudarme?

­Los hombres han desaparecido, consumidos por la guerra y las mujeres ya no pueden reproducir. Bastante gris, pero ellas todavía tienen la posibilidad de representar y jugar, como si el mundo fuera teatro. Es mi interpretación; pero prefiero la que pueda elaborar cada persona del público. Me cuesta contestar las preguntas de interpretación. Mis respuestas pueden dar la impresión de que hay una forma correcta de leer la obra y que es la que hago yo. Espero que la experiencia de ver «Diciembre» sea una provocación que desencadene muchas interpretaciones… Incluso que apele a los espectadores que se resisten a racionalizar y prefieren quedarse con una experiencia estrictamente emocional.

 

­La última escena de «Diciembre» me dejó la sensación de que el elenco y tu tenían conciencia de haberlo dicho todo y que el desenlace importaba poco. ¿Es cierto esto?

­El sentido es enfatizar la artificialidad del teatro y la esterilidad que padece la vida a consecuencia de la guerra.

 

­El desenlace de «Diciembre» ¿es algo parecido al «Deus ex machinae» del teatro clásico?

­No sé si es un Deus ex Machinae en el sentido clásico. Aquí el momento final no salva a nadie ni resuelve nada. Simplemente expone que las hermanas se han comportado como actrices. Que dentro de la miseria de la guerra lo único que les queda es jugar juegos macabros que exponen un estado colectivo apocalíptico.

­Oí en un foro crítico de Cádiz, cuando su estreno, que «Diciembre» se gestó a partir de una reflexión sobre el presupuesto militar de Chile. ¿Fue así?

­Las fuerzas armadas de Chile defienden su alto presupuesto diciendo que su enorme poder militar ha disuadido a los países vecinos de comenzar una guerra. Creo que sería mejor hacer un esfuerzo diplomático por consolidar las fronteras con Perú, Bolivia y Argentina. Si se consiguen efectivos acuerdos de paz se puede reducir el presupuesto militar y destinar esos recursos al desarrollo social.

 

­¿Qué autores de teatro aprecias especialmente o consideras tus maestros?

­Buchner, Chejov, Pinter, Beckett, Stoppard.

 

­Un nombre del teatro argentino de hoy.

­Me encanta Eduardo Pavlovsky. La primera obra en que actué profesionalmente fue «El señor Galíndez». Es capaz de combinar brutalidad y humor para retratar la sordidez de las dictaduras latinomericanas. Sigue siendo contemporáneo.

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