Medio siglo de una obra maestra
El propósito de Miles Davis era inspeccionar la riqueza que podría obtenerse con el uso de la ejecución modal, que el compositor y musicólogo George Russell había estudiado y propuesto unos años antes.
Era un método bastante revolucionario para la improvisación en el jazz. Consistía en abandonar la clásica progresión de acordes a los cuales estaban «atados» los músicos, y tocar sobre temas cuyos patrones estuvieran determinados por escalas, o sea, una sucesión de notas que abarcan una octava.
Esta novedad permitió más libertad para desarrollar la inventiva melódica de los solistas y originó tal interés que «Kind of blue» se convirtió en uno de los discos más influyentes en las décadas siguientes.
El nuevo concepto flotaba en el aire desde hacía un tiempo. Un año antes, en el disco «Milestones», Davis ya estuvo utilizando la escritura modal. Dirigía un fenomenal sexteto en el que tocaban Cannonball Adderley (saxo alto), John Coltrane (saxo tenor), Paul Chambers (contrabajo), Red Garland (piano) y Philly Joe Jones (batería).
Los dos últimos abandonaron a Davis a mediados de 1958. Jones fue reemplazado por Jimmy Cobb y George Russell recomendó al pianista Bill Evans. «Bill aportó un gran conocimiento de la música clásica, de gente como Rachmaninoff y Ravel», escribió Miles en su autobiografía, treinta años después. «Debido a su estilo tuve que cambiar de nuevo la forma de sonar de la banda, tocando melodías distintas, suaves al principio. Bill tocaba por debajo del ritmo y a mí me gustaba aquello, su manera de tocar escalas con la banda».
Sin embargo Miles incorporó otro buen pianista, Wynton Kelly. «Me atrajo su forma de tocar, era una combinación de Red Garland y Bill Evans: podía tocarlo prácticamente todo».
Con ese grupo ingresaron al estudio de Columbia. El 2 de marzo de 1959 grabaron «Freddie freeloader» (el único tema en el que participó Kelly), «So what» y «Blue in green». Volvieron el 22 de abril y completaron con «Flamenco sketches» y «All blues». Miles aclaró que no había escrito la música: «Aporté esquemas de lo que cada cual se suponía que tocaría, porque quería mucha espontaneidad en la interpretación».
«Kind of blue» fue editado en agosto de ese año, con una contratapa en la que apareció una nota de Bill Evans. «Miles Davis presenta aquí estructuras que son exquisitas en su sencillez y que contienen todo lo necesario para estimular la ejecución», escribió el pianista entre otros conceptos. «Concibió estas armazones apenas horas antes de la sesión y llegó con esquemas que indicaron al grupo qué debía ser ejecutado. En consecuencia, usted escuchará aquí interpretaciones que se acercan mucho a la pura espontaneidad. El grupo nunca había tocado estos temas anteriormente».
Todos pusieron lo mejor de sí mismos. Adderley contribuyó con su sentido del blues, Coltrane su poderosa aglomeración de notas, Evans su sonido cristalino. Kelly, Chambers y Cobb exhibieron la fuerza del hard-bop y la trompeta de Davis fue la magia aglutinadora de todas esas libertades que volaron a gran altura. Aparte de algunos comienzos en falso, las interpretaciones anduvieron tan precisas y brillantes que fueron completadas en primeras tomas. La única segunda toma fue la de «Flamenco sketches».
Años después se discutió si «Blue in green» era autoría de Evans o de Davis. Se supo también que en la primera edición los títulos de «Flamenco sketches» y «All blues» estuvieron intercambiados. Al saxo alto se lo mencionaba como Adderly y el nombre de Kelly se redujo a Wyn. Para peor, en la sesión del 2 de marzo el magnetófono master de la Columbia iba a una velocidad menor y por suerte la grabación de seguridad en el otro aparato permitió corregir el sonido en ediciones posteriores.
Qué importan hoy esos detalles. «Kind of blue» seguirá siendo un disco imprescindible en la trillada lista de los diez álbumes de jazz que uno llevaría consigo para pasar el resto de su vida en la isla desierta.
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