Radical. Un contundente filme que reflexiona sobre la soledad y la supervivencia

"El luchador": los residuos de un sistema injusto y despiadado

En efecto, los cantos de sirena del modelo de acumulación coadyuvan a la construcción de una suerte de mitología, que habitualmente subvierte valores humanos hasta devaluarlos.

El denominado «sueño americano» es una típica expresión de decadencia, que abreva del individualismo, el egoísmo y de otros sentimientos reñidos con la solidaridad y la igualdad de oportunidades.

Sin embargo, debajo de esa frágil epidermis que glorifica el éxito personal y no la felicidad colectiva, subyacen cuadros de injusticia y degradación social.

Esa realidad, a menudo contradictoria, suele ser elocuentemente retratada por el cine independiente, que renuncia a los habituales clichés de Hollywood y aporta una visión radicalmente desencantada de la sociedad.

Uno de los cineastas que cultiva más acendradamente esa tradición realista que contrasta con los oropeles de la gran industria, es Dareen Aronofsky, autor de tres títulos referentes: «Pi», «Réquiem para un sueño» y «La fuente de la vida».

El cine del realizador es siempre frontal y contundente, pincelando con tonalidades oscuras las diversas vicisitudes de seres marginados y perdedores.

En «El luchador», Aronofsky construye un descarnado cuadro sobre la decadencia humana, a través de la peripecia de un viejo luchador de catch as can (lucha libre) que aspira a recuperar el esplendor de antaño.

La historia de Randy Robinson es una auténtica odisea de supervivencia. Abandonado por su hija, sin pareja y viviendo en una casa rodante cuyo arrendamiento no puede pagar, este hombre musculoso pero gravemente enfermo y deteriorado, asume la necesidad de emerger de su ostracismo.

La disyuntiva es clara: regresar a su mundo de golpes, gimnasios atestados y malolientes, huesos fracturados y euforia circense donde es un héroe o tomar un empleo de baja calidad y permanecer en el anonimato.

Para retornar a esa quimérica cima, el protagonista debe pagar un alto precio: volver a entrenar con cierta exigencia, drogarse para soportar el dolor físico provocado por el castigo de cada combate y renunciar, en cierta medida, a su propia humanidad.

A cambio de tal acto de estoicismo, recibe una mísera paga que le permite subsistir a duras penas, beberse algunas cervezas y hasta financiar el costo de un baile erótico en un club nocturno.

Como en la recordada «Réquiem para un sueño», los personajes de este filme sin antihéroes, que se debaten dramáticamente entre sus imposibles sueños de grandeza y sus miserias cotidianas.

Al igual que el luchador que protagoniza esta película, también la bailarina y madre soltera que encarna magistralmente Marisa Tomei es una perdedora empedernida, que todas las noches debe exhibir su cuerpo desnudo para ganar los esmirriados dólares que le permiten alimentar a su hijo.

El conflictivo romance entre ambos, que sin mucho esfuerzo remite a los oscuros personajes de «Adiós a las Vegas», constituye una patética expresión de los estragos que provoca la soledad en una sociedad vacía de valores.

Dareen Aronofsky construye un relato prolijo, moroso pero de lenguaje contundente, que exhibe una visión radicalmente desoladora del mundo de los luchadores.

La lente de la cámara retrata minuciosamente ese patético y despiadado micromundo de seres residuales, lisiados, alienados y antihéroes sin redención, cuyos golpes y acrobacias provocan el delirio de multitudes enardecidas que se regodean con la violencia.

El filme exhuma a Michael Rourke, un actor que, tras alcanzar un sólido pedestal en la década del ochenta, se desmoronó estrepitosamente por una vida privada caótica y desordenada. Su actuación protagónica es realmente intensa y conmovedora.

«El luchador» es un drama duro y sin concesiones, que propone una profunda reflexión sobre la soledad, el amor, el desamor y la supervivencia en condiciones extremas.

 

El luchador. Estados Unidos 2008. Dirección: Dareen Aronofsky. Guión: Robert Siegel. Fotografía: Maryse Alberti. Música: Clint Mansell. Reparto: Michael Rourke, Marisa Tomei, Evan Rachel Word, Mark Margolis, Tood Barry, Ernest Millar y Judah Friedlander.

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