¿Quién quiere ser millonario? Un filme que denuncia la pobreza y la explotación laboral

La redención a través del amor

La filosofía imperante en países como India y China, que antes de la crisis del capitalismo global alcanzaron tasas de crecimiento inéditas, es la despiadada explotación de la fuerza de trabajo.

No en vano en nuestro propio mercado interno, podemos encontrar artículos de consumo a precios insólitos, que se fabrican a miles de kilómetros de distancia en condiciones infrahumanas, a bajo costo y con salarios escandalosos.

A raíz de estas aberrantes situaciones, muchos capitales han migrado desde los grandes centros industriales del primer mundo hacia esas lejanas regiones del planeta, donde producir cuesta mucho menos y la plusvalía empresarial es bastante más tentadora.

En el caso de India, mientras crece una oligarquía cada vez más rica y poderosa, la mayoría de la población sobrevive en condiciones paupérrimas de pobreza y miseria.

En «¿Quién quiere ser millonario?», el británico Danny Boyle construye un filme explícito y removedor, que mixtura el drama, el romance y la fábula alegórica.

La película, que es una coproducción entre Inglaterra, Estados Unidos e India, obtuvo cuatro Globos de Oro y tiene nada menos que diez nominaciones a los Oscar, que serán entregados el domingo próximo.

El filme ha alimentado razonables controversias, entre quienes lo consideran un drama de acento profundamente humanista y los que lo califican como una mera fábula edulcorada destinada a seducir a los jurados de Hollywood y alzarse con numerosas estatuillas.

En efecto, «¿Quién quiere ser millonario» es, de algún modo, una mezcla de géneros, que discurre entre la denuncia social, el romance y la fábula con aristas realistas.

Narra la historia de Jamal Malik, un joven de 18 años que nació en un pobre barrio de Bombay. La violencia religiosa lo transformó prematuramente en un huérfano y lo condenó a sobrevivir en condiciones infrahumanas, junto a su hermano y a otra niña sin hogar.

Con el tiempo, este individuo de origen humilde y pasado traumático, se presentará a un certamen televisivo de preguntas y respuestas, con el propósito de transformarse en millonario.

Lo que resulta algo inverosímil es que aborda esa ardua empresa con los mínimos conocimientos adquiridos en precarias escuelas barriales y su propio aprendizaje empírico.

Aunque el planteo parece poco creíble, la narración transcurre con superlativa agilidad y fluidez, merced el esmerado trabajo de dirección y montaje y la prodigiosa fotografía con cámara en mano que registra las dramáticas vicisitudes de los niños marginados en un paisaje de pobreza y desolación.

El filme asume un perfil de particular crudeza, cuando denuncia la explotación y prostitución infantil tan frecuente en las calles de Bombay y de otras ciudades del tercer mundo, la violencia de las mafias locales y la represión policial, que, por momentos, alcanza extremos realmente intolerables.

Este relato también indaga en la psicología de masas, cuando transforma al concurso de preguntas y respuestas en una especie de circo mediático, que ­mientras factura millones de dólares en publicidad- explota inmoralmente los sueños de grandeza de multitudes de pobres y erige a un ser ignoto emergido de las entrañas de la tragedia, en una suerte de héroe.

Danny Boyle también contempla el lado sensiblero de la anécdota, cuando desarrolla un romance casi imposible entre dos jóvenes excluidos y propone deliberadamente un epílogo festivo y bien colorido, que contrasta radicalmente con la dureza de historia.

«¿Quién quiere ser millonario?» es un filme inteligente y ambicioso, que mixtura el drama testimonial con la comedia y propone reflexionar en torno a la pobreza, la violencia y la redención a través del amor.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje