Escrito por: N.D.M. |

Desde la mítica y vigorosa personalidad de Franca Rossi, animadora primera del Centro de Diseño Industrial, creado en 1988, no se había tenido oportunidad de evaluar los resultados de la enseñanza en un rubro cada más exigente en la cultura visual.
Sin duda, en esos veinte años las cosas han cambiado. Se lo advierte en el terreno de la publicidad y las publicaciones, en especial, afiches callejeros, catálogos y libros de arte que han proliferado en los últimos años, con inventiva e ingeniosa originalidad. Una situación a la que no son ajenos los profesionales surgidos de estudios académicos en años recientes.
El Centro Municipal de Exposiciones resume, actualmente, los resultados de una investigación con “productos desarrollados con diversos objetivos que van de lo conceptual y expresivo hasta lo relativo al mercado o lo estrictamente funcional, con aplicación en áreas como la indumentaria, el contexto doméstico y el espacio público”, se lee en el modesto plegable que, curiosamente, no es nada feliz en su diseño gráfico. Lo importante es la exposición misma: bien presentada, se destacan los objetos de cajas de cartón convertidas en piezas utilitarias, de gran sencillez en la adaptación y que cada visitante puede ejecutar en su casa, la inteligencia en la vestimenta con diarios y collages de una imaginación que más de una pasarela internacional envidiaría, los juguetes para niños y algunos muebles.
Es reconfortante, además de la bienvenida muestra, que el Centro de Diseño Industrial haya pasado a la órbita de la Universidad de la República, lo cual supone un estímulo y reconocimiento a una actividad indispensable en el mundo contemporáneo.
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