POETICOS DESENCANTOS

De la polifónica voz de la poesía a la compleja arquitectura de la prosa, la literatura condensa en sus sinuosos territorios la potencia creativa de la ficción y el explícito lenguaje de la realidad.

Esa apasionante aventura liderada por la palabra escrita, está permanentemente sometida a las radicales inclemencias del azar y la causalidad, en tanto compromiso con la verdad.

Más allá de meras formas y formulaciones estéticas, lo primordial es siempre el contenido, que casi siempre trasunta la necesidad expresiva de sentir y compartir.

El periplo literario de Ramiro Guzmán es un buen ejemplo de conjunción entre el talento y el trabajo, en un género tan complejo y contemporáneamente poco valorado como la poesía.

Su ya vasta producción trasunta una fina sensibilidad para capturar las diversas inflexiones de la condición humana, en un discurso literario cargado de férrea convicción y compromiso creativo.

En «Baile entre el mestizo y la diosa», el autor compatriota confirma su reconocido oficio para tejer y condensar reflexiones propias y compartidas.

Mixturando la narrativa con la poesía, el escritor se adentra en los más oscuros paisajes de nuestra cotidianidad, para denunciar las agudas inclemencias de un tiempo de crueldades, soledades y solidaridades adormecidas por la indiferencia.

No es casual que algunos de sus personajes sean seres marginados, delincuentes, drogadictos, prostitutas o meros alienados, que despuntan sus recurrentes patologías en paisajes urbanos de rigurosa desolación.

Estas criaturas estigmatizadas por el destino que Guzmán sitúa en los escenarios de la ficción, son prototipos bien reconocibles arrancados de nuestra propia realidad.

Confrontando al lector a una tragedia a menudo ignorada, el escritor construye un periplo literario de trazo claramente desencantado.

El poeta y narrador exhibe todo su oficio para la construcción literaria, en una obra que impacta por la explícita dureza de sus lenguajes y la extrema radicalidad de su discurso.

«Baile entre el mestizo y la diosa» confirma nuevamente la fina sensibilidad de Leonardo Guzmán, que es, sin dudas, una de las voces líricas más potentes de la literatura nacional.

(Editorial Arca)

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