Vaqueros en La Habana
En realidad, Leonard es lisa y llanamente un escritor de subgéneros que no ha hecho otra cosa como narrador: comenzó escribiendo westerns hace ya más de cuatro decenios y algún tiempo después se especializó en las novelas policiales, gran parte de las cuales han sido llevadas al cine por Hollywood.
Y aunque seguramente la categorización que separa los intentos culturales en «serios» (los que intentan trascender y dejar un legado de autor a la humanidad) y «no serios» (aquellos que simplemente entretienen), debe importarle muy poco, Leonard es un escritor que ha logrado un reconocimiento crítico poco usual. La precisión de sus diálogos, la credibilidad psicológica de sus protagonistas, su habilidad para describir en dos líneas el carácter de algún personaje secundario, han logrado que se diga de él que es «el mejor escritor vivo de novela negra norteamericana».
Su romance con la industria del cine es aun más profundo: Quentin Tarantino basó su Jackie Brown en la novela Rum Punch; Tú ganas Jack contó con la actuación de George Clooney en su versión cinematográfica llamada Un romance peligroso; Danny de Vito protagonizó, junto a John Travolta y Gene Hackman la versión fílmica de Get Shorty. Y Cuba Libre, la novela que pretexta esta nota, está por ser llevaba a la pantalla por los hermanos Cohen. En lo que puede ser considerado un regreso a sus orígenes en el western, Leonard ubica la acción de su novela en los días del episodio del Maine, en La Habana del año 1898. ¿Por que un western? Porque el protagonista es Ben Tyler, un vaquero recién salido de prisión que acepta el encargo de llevar unos caballos a Cuba a cambio de una jugosa suma. Conocedor de esa clase de negocios, Tyler comprende pronto que lo que lleva no son solamente caballos: en forma clandestina, están transportando armas para los rebeldes independentistas cubanos.
Eso no es problema para Tyler, quien accede de todas formas. Los problemas comienzan al llegar a La Habana, cuando estalla el Maine y las acciones represivas del gobierno español contra la población civil se recrudecen.
Con esos elementos, más una historia de amor que encaja perfectamente con el carácter del protagonista, Leonard arma un interesante puzzle de personajes, situaciones e intereses, que da como resultado una novela ágil y dinámica. Dinamismo no equivale a ligereza, por lo que los personajes son, como en casi cada una de sus novelas, densos y corpóreos, realistas en tanto revelan sus ambigüedades al lector solo cuando la anécdota así lo demanda.
En los libros de Leonard la heterodoxia es la norma, y eso le permite retratar la crueldad del dominio español, la madeja de intereses estadounidenses establecidos en la isla y su consecuente avaricia y falta de escrúpulos para sacar ventaja de la situación, sin caer en un cuento de «buenos» y «malos». No existen personajes maniqueos que conformen al lector con certezas y aun los revolucionarios (los más parecidos a un «bueno» sin contar al protagonista) aparecen también como seres débiles y complejos.
Cuba Libre es ante todo una obra de ficción por lo que no tiene mucho sentido ponerse a buscar en demasiado detalle la reconstrucción histórica, impecable de cualquier forma. Importa más en cambio disfrutar de las acciones que la presencia de ese cowboy desencadena en medio de una gesta histórica que contribuyó a marcar el rumbo de un continente. Y, claro está, el desarrollo del romance, que, por cierto, suele ser un motor nada despreciable de la historia del hombre.
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