Obra. "Marat Sade", con dirección de Andrés Caro Berta, en el Hospital Vilardebó

Persecución y muerte de Peter Weiss

Se suprimieron personajes que no sólo son esenciales en la obra, sino existentes en la historia, como Duperret, que galantea a Charlotte y Roux, el sacerdote más radical que Marat.

«Marat Sade» es incomprensible sin el antecedente de Brecht, de cuya estética, más una pizca de Artaud, proviene. Por extraño que parezca ­fiel Weiss a la estética de Brecht­, no hay una idea a trasmitir. La obra no trata de la lucha de clases, ni de los corsi y ricorsi de la historia: obliga a pensar. ¿Qué elegir? ¿La eterna rueda del cambio, que sin embargo no logra borrarnos del todo, o la estabilidad del ser, sostenida sobre la punta de una aguja? De toda esta discusión, viva hoy como nunca, nada queda en el texto de Lubartowski y Caro Berta. Sobrevive, exangüe, la anécdota de la muerte de Marat a manos de Charlotte Corday.

Falta lo peor, que es la ambientación y la interpretación; y nos referimos con «interpretación» tanto al sentido de la pieza como al desempeño de los actores. Weiss concibió la escena en el hospital de Charenton, en París, en 1808, bajo Napoleón y en presencia del director del hospicio, Coulmier, que no sólo está presente con su familia sino que ha discutido previamente la obra (y en parte la ha reprobado) con su autor y director, el marqués de Sade.

Los alienados preguntan a Marat por el destino de la revolución; Sade se muestra escéptico. Pero, nos dice Weiss sin palabras, en 1808 era imposible saber qué sería de la revolución de 1789; pero cuando se estrena la obra de Weiss en 1964, todos sabíamos cómo y por qué la revolución había triunfado sobre sus fracasos y aún había sobrevivido a la restauración de los Borbones (1814); sabíamos, como lo señaló Hegel, que la victoria de Napoleón en Jena (1806) marcó el fin de la era feudal en Alemania; desde entonces sabemos que somos hijos de 1789. Las dudas y las pullas sobre la revolución, que pululan en la obra, tanto en boca de los locos como en boca de Sade, están vistas por Weiss con ironía, una ironía que no muestra Caro Berta. La pieza es un homenaje a la dialéctica; pero la versión de Lubartowski y Caro Berta es, sencillamente, contrarrevolucionaria. La perspectiva histórica, simplemente, no existe.

Y precisamente hoy es el momento de rediscutir la cuestión social. Hoy, que caminamos entre las ruinas del «socialismo real», con el muro de Berlín en pedazos, y los escombros del «libre mercado» del capitalismo contemporáneo, con sus «salvatajes» de los bancos, que ocupan en los naufragios, como siempre, el lugar de las mujeres y los niños.

Pero Lubartowski y Caro Berta se conforman con la anécdota, a la que despojan hasta de la locura, posiblemente en pro de la labor de los intérpretes, que no pueden alcanzar las alturas de interpretación que la obra propone. Los personajes de Weiss, con dos excepciones, son locos que tratan de interpretar (y no pueden) a personajes históricos, personajes que, a su vez, son personajes de una obra de teatro. Weiss ha querido, en varias partes, que se vea que el intérprete está loco: así los manoseos de Charlotte por Duperret, los discursos incendiarios de Roux, la intervención de los enfermeros y del director, intentando conservar un orden que naufraga. De los dos personajes que no están locos, uno es un burócrata, muerto en vida, el director Coulmier; el otro es Sade, del que nunca se sabe si está del todo loco y desvaría o si es cuerdo y razona. De más está decir que los actores no están a la altura de estos centauros del teatro.

Finalmente, que la obra se ofrezca en un patio del Hospital Vilardebó es una arbitrariedad: lo mismo pudo darse la pieza en la quinta de Santos, en el Hotel del Prado o en el Tinglado.

Se alude con la elección del lugar a un hospital psiquiátrico; y del mismo modo, la obra de Lubartowski y Caro Berta es una mera alusión, audaz si se quiere, al drama homónimo de Peter Weiss.

Pero, atención lectores, descubrid vuestras cabezas reverentemente: el programa nos enseña que estamos ante «una propuesta interdisciplinaria de la Prof. Agrda. escrita» (sic) «por Lic. Raquel Lubartowski», cuya «dirección de la puesta en escena es del dramaturgo y director teatral Psic. Andrés Caro Berta». Uf.

MARAT SADE, de Peter Weiss, adaptación de Raquel Lubartowski, con Lorena Rochón, Daniela Galuzzo, Cecilia Gómez, Bruno Gea, Alejandro Cabo, Serrana Díaz, Lucía Santos, María Inés Rocca, Florencia Prior, Georgina Pagola, Emilia de León, María Laura García, Natalia Ramos, Fernando Cardozo y Nino Márquez. Música de René Pietrafesa, ambientación escénica y vestuario de María Inés González y Juan Perazzo, dirección de Andrés Caro Berta. En el Hospital Vilardebó.

En Wikipedia, por «Charlotte Corday», está el cuadro de la muerte de Marat y un grabado de Charlotte Corday. Se llega por «Google», y en el cuadro ponés «Charlotte Corday» «Wikipedia» y clic! en «Search».

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