Los secretos del crítico de cine
Jaime Secco
¿Cómo pueden hasta los periodistas novatos recordar en qué otra película –quizá un corto–trabajó, no solo la actricita más nueva, sino también el director de fotografía y el iluminador de una película? ¿Leen todos esos créditos que aparecen tán rápido al final? ¿Por método Ilvem?
Todos conocemos que en los bares hay memoriosos del fútbol, capaces de recordar cuanta formación han visto. Un parroquiano de boliche puede talentear, pero nadie publicaría sus dichos sin verificar.
Aquí es donde aparecen los maravillosos «press books», o «libros de prensa». Los estudios de Hollywood publicaban verdaderos libros de tapa dura con abundantísima información y fotos sobre cada película, exclusivamente destinados a los medios de comunicación.
Ahora, las fotos vienen aparte; los press books apenas son folletos, pero la cantidad de información no ha disminuido. El de una película americana, sea buena o deleznable, no baja de los 90 mil caracteres (unas 10 páginas de diario sin fotos). En español, suelen llegar fotocopias o pesados e-mails.
Traen sinopsis breves, sinopsis más largas, listas de actores y técnicos, currículums de cada uno de ellos, entrevistas a muchos de ellos e informaciones que suelen comenzar en cómo surgió la idea, comentan la selección de director y actores con elogios mutuos de todos ellos y revelan anécdotas sobre el vestuario y localizaciones, días de lluvia y problemas con los mosquitos. Son realizados por expertos y suelen revelar un sutil uso del lenguaje para dirigir la publicidad y dar el perfil exacto de la película que buscan los encargados de marketing. Pero hasta el redactor más distraído tendrá material de sobra para lucirse, incluso si no lo lee todo; eso no es necesario. Las películas europeas o latinoamericanas suelen ofrecer información mucho más magra y Cinemateca habitualmente no distribuye el press book, sino una crítica preelaborada. En esos casos, a veces falta alguna información que no siempre es fácil encontrar en Internet. Los que tienen buenas páginas y bancos de datos son los norteamericanos.
Interesan estos datos porque las producciones locales, el teatro, por ejemplo, no suele distribuir a la prensa más que la información de cartelera; a veces falta incluso el nombre del autor de la obra.
En los años 70, Cinemateca entregaba a cada espectador una hoja mimeografiada con una ficha y extractos de críticas locales de la película. Hoy, el complejo Alfabeta, que apuesta al público de un cine de calidad, pone a disposición hojas con extractos de los press books. Sinopsis, fichas de nombres y declaraciones del director, de películas en cartel o por venir, a disposición de los espectadores.
Un servicio acorde al tipo de espectador que pretende captar, aquel que sabe que el arte se aprecia más si se tiene más información.
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