Paneo de muestras en Buenos Aires

Si Marcel Duchamp acapara la atención entre las exposiciones en Buenos Aires, no es, por cierto, la única. El Centro Cultural Recoleta tiene tres muestras de interés.

Una vida en arquitectura: César Pelli, integra el ciclo de grandes arquitectos argentinos y va en su cuarta edición. Pelli, tucumano de 1926, se graduó de arquitetco en esa ciudad, y luego pasó a estudiar en el Instituto Tecnológico de Illinois, donde obtuvo el Máster en Arquitectura. Vive hace 50 años en Estados Unidos y es una celebridad mundial. En Buenos Aires construyó varias obras y entre las más recienes figura la sede central de YPF en Puerto Madero, torre de dos volúmenes superpuestos, un prisma cuadrado y otro triangular, destacándose el jardín de invierno, un espacio de seis pisos. Un resumen muy acertado de la actividad intensa por numerosos países, entre las cuales se distinguen las torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia, de 452 metros de altura, con resonancias de estilo islámico.

En el mismo lugar, Arquitectura del deseo de Fabiana Barreda, un encuentro sensible entre erotismo y tecnología, con referencias a arquetipos muy antiguos. En la sala Cronopios, Luis Wells con cincuenta años de trayectoria, fue uno de los vanguardistas de la segunda mitad del siglo XX, con objetos hechos de lata y cartón, que luego derivó hacia estructuras muy construidas sin demasiada innovación aunque atractivas.

 

Amigos del Arte, institución privada surgida en 1924 en Buenos Aires (la de Montevideo, de similares carácterísticas, en 1930), una iniciativa de mujeres de la alta sociedad que en vez de dedicarse a la beneficencia, se orienaton hacia la cultura, con programación de conferencias, exposiciones y conciertos. Así, se mostraron autores consagrados y jóvenes, estimulando la actividad hacia un público que, como los directivos, eran selectos. Cerró sus puertas en 1942, mientras la montevideana continuó hasta los años noventa y a la que habría que historiar. Fotografías evocadoras de las personalidades directivas, de aspectos urbanísticos y cuadros de artistas que desfilaron durante esa época son resuscitados por los curadores Patricia M. Artundo y Marcelo Pacheco.

 

Colección Fortabat

La recién inaugurada Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, en el Dique Cuatro de Puerto Madero, responde a la arquitectura del uruguayo Rafael Viñoly, autor del nuevo aeropuerto de Carrasco. Y en algo se parecen. Por lo menos, como museo se acerca a un aeropuerto, con grandes espacios vacíos, con varios pisos coronados con una cúpula vidriada obediente a un sistema de parasoles móviles de aluminio que se abren y cierran de acuerdo a la posición del sol.

La empresaria del cemento, del fgerrocarril y otras actividades heredadas de su marido, convocó a Viñoly, la obra se demoró y llamó a otro estudio que hizo modificaciones. El resultado no es feliz. Peor aún es la colección de arte argentino, con piezas de segunda o tercera categoría, colgadas por la propietaria que no aceptó ningún asesoramiento. Con una sensibilidad de piel de elefante, la ex embajadora plenipotenciaria del ex presidente Menem, deja mal parado al arte argentino. Se rescata media docena de cuadros de Xul Solar, de Ramón Silva, Thibon de Libian, Fernando Fader y Malharro, algún Quirós ( Cabalgando al amanecer, 1933) dos fFigaris (un tercero, menor), un buen Turner (sin ser de gran calidad) y un Peter Bruegel. Las acuarelas de Rodin y el dibujo de Klimt, están lejos de sus reconocidos prestigios. Son de primera calidad, un enorme mosaico de pavimento romano y algunas piezas egipcias. Inefables los retratos del pintor Alejo Vidal Quadros de los esposos Fortabat, que compiten con los del pintor Macarrón de la pareja Thyssen Bornemisza de Madrid. Dan lástima.

 

Jacques Bedel en el Museo

El formidable talento de Jacques Bedel, arquitecto, pintor y escultor (lo demostró hace poco en la Recoleta), que integró el Grupo de los Trece, organizado por el Cayc en sus buenos tiempos, muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes obras recientes, con técnica mixta, pintura emparedada entre acrílicos, paisajes de vinilo, enormes, aparentemente seductores e impactantes, pero en su cantidad (fechadas entre 2005 y 2008) resultan repetidos en su efectismo y superficiales también, a excepción de alguna obra aislada.

 

Enio Iommi

En cambio, el famoso escultor Enio Iommi da una lección de humildad y frescura en sus gloriosos 80 años. Mis nuevas realidades (Galería Del Infinito) es un manifiesto contrautópico, defensor de la ciudad de Venecia que sigue existiendo a escala humana, en silencio y en misterio (también inundada), donde se recupera el tiempo y el saber perder tiempo en sus cafés y palacios, museos e iglesias poblados de tintorettos, veroneses, tizianos, bellinis y giorgiones. Descubre el acto de caminar, sin ómnibus ni automóviles (los vaporetos circulan por los grandes canales). Iommi hace una instalación de golpeante efecto con plástico negro desgarrado y trozos de maniquíes dispersos, símbolos de la civilización urbana contemporánea.

 

Fundación Telefónica

Telefonías, un proyecto de Mariano Sardón de instalación interactiva y videoinstalación, curadoría de Rodrigo Alonso en la Fundación Telefónica, frente a la plaza Vicente López, el barrio más hermoso de la ciudad, introduce al visitante, como de costumbre en su agenda , en los medios de comunicación actuales. Un conjunto de cuatro máquinas de escribir obligan a descubrir la tactibilidad de la comunicación mecánica, el sonido del tecleo sobre el papel y los textos proyectados en pantalla gigante son incorporados a otros ya existentes, saltando de la página a la pantalla. En el piso superior las bombas peristálticas corporizan las comunicaciones que circulan en el edificio en un infierno de cableados de colores por donde circulan los fluidos entrantes y salientes de la comunicación. La sencillez y el asombro de la tecnología.

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