La curiosa onomástica uruguaya
A pesar de contar con hermosos apelativos castellanísimos, los uruguayos demuestran una predilección por los nombres extranjeros.
Hacia mediados del siglo pasado algunos nombres franceses de mujer tenían mucho prestigio. Por allí andaban Jacqueline, Ivonne, Margot, Marie Claire… algunos de ellos probablemente por influencia un tanto lejana de tangos memorables, y otros como resabio del afrancesamiento que exhibió la clase alta uruguaya hasta los sesenta del siglo XX.
Los varones, en cambio, solían ser bautizados con nombres épicos como Aquiles o Héctor. Históricos: César, Aníbal, Nelson. Literarios: Homero, Víctor Hugo, Rubén Darío, Milton. Musicales: Beethoven, Schubert, Wagner. Político-partidarios: Leandro, Luis Alberto, Baltasar. O con nombres extranjeros que por alguna misteriosa razón tenían cierto prestigio como Walter o William.
Pero lo que siempre me llamó la atención fue la cantidad de varones uruguayos cuyos padres decidieron homenajear al héroe de la independencia de las colonias de la América del Norte, George Washington, y fueron bautizados con el apellido del ilustre patriota gringo. Sin temor a equivocarme (como suelen decir los vendedores ambulantes al referirse al precio de mercado del producto que ellos ofrecen un poco más barato), me atrevo a aseverar que el Uruguay es el único país del mundo donde existe el nombre de pila Wáshington. No conozco ningún argentino, ningún colombiano, ningún costarricense, que se llame Wáshington; tampoco he visto que alguien en Estados Unidos lleve ese nombre, y menos en Europa. No: si alguien tiene por nombre de pila Wáshington, en fija que es uruguayo.
Y finalmente, desde un tiempo a esta parte, hemos venido sufriendo la irrupción de otra moda tilinga que lleva a los padres de todas las clases sociales a bautizar a sus hijos e hijas con nombres preferentemente anglosajones. Proliferan las Sheila, las Shirley, las Jessica, los Johnatan, los Michael (o directamente Máicol).
–Yo sigo fiel a la tradición: mis hijos se llaman Atanasio y Nepomuceno, los varones; y Nicomedes y Livoria las nenas.
–¡Qué lo parió!
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