Será habilitada hoy la nueva Sala Campodónico del Teatro El Galpón
Si lugar a dudas esto generará nuevos desafíos artísticos y la renovación del compromiso de El Galpón con el pueblo uruguayo que posibilitó la renovación de la sala, esta vez a través del propio Estado, cuyos poderes Ejecutivo y Legislativo acudieron con rapidez y otorgaron los medios para reconstruirla en lo que se ha considerado por los propios galponeros como «un formidable e inédito esfuerzo de democratización de la cultura que se lleva a cabo con el apoyo del Estado». La Presidencia de la República lo ha declarado de Interés Nacional y el Ministerio de Educación y Cultura de Interés Ministerial. Cuenta, además, con el apoyo del Ministerio de Trabajo y el de Turismo y Deportes, el Banco de Previsión Social y el PIT-CNT.
Nacida como Cine Grand Palace, la sala fue adquirida en el año 1964 por los galponeros en un operativo al que todos los economistas consultados no le veían ninguna viabilidad.
No la tenía, efectivamente, teniendo en cuenta que la economía del país iniciaba por esos tiempos su descenso a los infiernos, la insolvencia de la institución, la casi nula redituabilidad del teatro y otros factores adversos que hacían aconsejable no emprender tal empresa.
Pero los especialistas no contaban con la audacia y la decisión de aquellos artistas que no dudaron en poner sus patrimonios personales y la de sus familiares como prenda de la operación y, sobre todo, no contaban con su capacidad de movilizar gente de todas las capas sociales para conseguir recursos y dar una mano en lo que fuera para que el sueño de la sala propia se hiciera realidad.
Cinco años de intenso trabajo le llevó a la Institución, los socios y los amigos convertir aquel cine en la Sala 18, inaugurada en 1969 en medio de la alegría de toda la cultura y, fundamentalmente, de la gente de teatro. Para entonces ya el país se debatía en una crisis de desarrollo incalculable y el gobierno de entonces acumulaba en su cuenta represión y muertes.
El Galpón se ubicó decididamente al lado del pueblo. Esto le valió atentados contra sus dos salas teatrales y los domicilios de algunos dirigentes y el acoso de los organismos del Estado que amenazaron varias veces con el remate de los bienes del teatro por sus deudas, instancias que fueron superadas mediante el apoyo popular que, moneda sobre moneda, fue dando su aporte para salvar a «su teatro».
El golpe de Estado de 1973 y el ascenso al poder de la dictadura agravó la situación: arreciaron los atentados.
A fines de 1975 y principios del 76 las Fuerzas Conjuntas llevaron a la prisión y la tortura a los principales actores y directores del grupo.
El 7 de mayo de 1976 la dictadura emitió el decreto de disolución de la institución teatral El Galpón y la incautación de todos sus bienes, incluyendo la Sala 18, a la que convirtió en Sala 18 de Mayo, y en la que intentó en vano seguir con una programación artística. Nuevamente los artistas cerraron filas y se negaron a actuar en dicha sala hasta que no fuera devuelta a sus dueños legítimos.
Y llegaron los años de la oscuridad, pero también los de la resistencia que lograron el retorno a la democracia y, con ella, la legalización de la Institución y la devolución de todos sus bienes.
Se recuperó el edificio, pero convertido en un cascarón vacío.
Todo había sido saqueado. No quedaba un solo foco, ni un papel del valioso archivo del teatro uruguayo, ni una prenda del invalorable vestuario en el que se preservaban piezas únicas de las puestas desde los años 50.
Nuevamente se recurrió al pueblo y nuevamente se encaró el reequipamiento y la reapertura.
Pero la dictadura había dejado un «regalo» peligroso: una parrilla colgada de la estructura del techo no apto para soportar todo ese peso que terminó por vencerlo, instalándose el riesgo del derrumbe del mismo.
A fines de 2007 la sala, ya denominada «Campodónico» en homenaje al inolvidable «Chino», se cerraba por una cuestión de responsabilidad elemental: El Galpón no podía poner en peligro la seguridad y la vida de sus amigos, los socios y los espectadores.
Una vez más el pueblo uruguayo salvó la sala, a través del propio Estado, otorgando los medios para reconstruirla.
Hoy, la Institución está al día con sus compromisos financieros, ha iniciado una experiencia inédita de profesionalización de sus integrantes y reinaugura su sala.
De acuerdo a lo manifestado por sus integrantes, «El Galpón asume nuevos desafíos a los cuales debe responder con un gran esfuerzo en la producción artística y en las tareas de una gestión eficiente que produzca sustentabilidad al proyecto que no se limita a la actividad en las salas».
También en este mes se lanzó el Abono Cultural, gestionado con el Teatro Circular, que permitirá el disfrute de bienes y servicios culturales a cientos de miles de compatriotas que no podían acceder a ellos por un fenómeno de exclusión que tiene sus raíces en la desigualdad social.
El proyecto El Galpón en el Uruguay Profundo permitirá llevar teatro con regularidad a los pueblos más pequeños en los lugares más apartados del país.
Se intensificará el trabajo de Extensión Cultural, que ha logrado traer al teatro a más de cien mil escolares y liceales por año, tanto en la capital como en el Interior.
La sala renovada permitirá la presentación de grandes espectáculos de artistas nacionales y extranjeros, tanto del teatro como de la música y la danza.
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