"Una guerra de película": una parodia bélica a lo Hollywood
En parte se trata de una supuesta película dentro de otra ya que el asunto gira en torno a la filmación de un filme de género bélico al estilo de «Pelotón», en el que un grupo de actores egomaníacos y narcisistas se ven mezclados, sin dase cuenta, en un verdadero conflicto armado dentro de la jungla asiática.
Convencidos en rodar la madre de todas las cintas de guerra, pero seriamente recortados en el presupuesto, el director y los intérpretes deciden procesar un rodaje de crudo realismo, internándose en la misma selva como «set» donde unas cámaras ocultas los registrarán de acuerdo a las pautas del guión.
Obviamente, los planos se cruzan confundiendo territorios y los «protagonistas» quedan a la deriva cada uno siguiendo las líneas de su libreto pero inmersos en una auténtica guerra de guerrillas.
En principio, la idea no es mala y cabe subrayar la presencia del comediante Ben Stiller como director, intérprete y co-guionista de esta pequeña locura que parece «consagrarlo» en el podio de los creativos rentables de Hollywood.
Hijo de actores, el humorista ha logrado amplia repercusión en los Estados Unidos de América, donde ya ha dirigido otras producciones como «Zoolander» y «El insoportable». Por estas latitudes la acogida no ha sido tan espectacular, más allá de algún taquillazo con «Locos por Mary» hace algún tiempo, aunque viene siendo un rostro relativamente conocido en la pantalla local.
De todas maneras, en «Una guerra de película» su presencia pasa a un distante segundo plano ya que la participación de otras notoriedades marcan su huella de manera más contundente. En este sentido, vale la pena recalcar el trabajo actoral de Robert Downey Jr., por ejemplo, haciendo de histrión que se mete en la piel de sus personajes hasta la médula, alterando su pigmentación para caracterizar a un soldado afroamericano.
Quizás en estas particularidades, el espectador pueda sacar más jugo a un producto final que, a juicio de quien suscribe, derrapa un poco en una truculenta y fallida mezcla de comicidad sádica. (Es que la línea entre el humor negro y el mal gusto es muy delgada y Stiller parece transgredirla bastante).
Tampoco está de más recordar a Tom Cruise casi irreconocible como tenebroso empresario cinematográfico en una labor protagónica de interesante destaque, al igual que Nick Nolte componiendo un supuesto veterano de guerra, autor del libro en que se inspira la filmación.
Por su parte, Jack Black (que tiene algo del fallecido Belushi de «Los hermanos Caradura») también deja lo suyo interpretando a un comediante de cuarta que quiere reiniciar su carrera en obras «serias» pero no puede con su perturbada condicional natural.
Claro, el resultado no es «Mash» ni «Trampa 22″ sino que está a años luz de estas emblemáticas realizaciones que criticaban la guerra a través de un humor ácido e impactante. De todos modos, logra un mediano divertimento en el que no pueden faltar las explosiones del caso y un par de chistes escatológicos que opacan un poquito los momentos mejor logrados. No es una maravilla pero algunos espectadores se divertirán un poco. Algo es algo.
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