Gira 2008. Acompañado por una banda en Sol Mayor, el artista realiza su propio balance

Viglietti: "Hay que profundizar los cambios"

Este hombre que nació en Montevideo el 24 de julio de 1939, es un creador que forma parte de una generación de músicos, poetas y cantores que marcó un antes y un después, al promediar la década del sesenta, en la cultura musical uruguaya afiliada a una estética contestataria y representativa de la identidad aluvional de los uruguayos, una generación que posee, evidentemente, una irradiación iconográfica muy potente.

Se trata de un artista que seduce y atrapa a quien lo escucha, por su modo de observar e interpretar a la comarca y al mundo.

Con motivo de esta gira solidaria que lo ha llevado a diferentes localidades de nuestro país, Viglietti reflexiona de la siguiente manera:

«Aquí estamos de nuevo, de pie, pero con el banquito del guitarrista a mano, defendiendo la memoria, con un atril cerca. Atravesando ya este medio siglo de afinar un trabajo de hormiga, frágil y tenaz, que intenta explorar desde la música y la palabra el alma y el cuerpo de una época y una geografía. Otra vez guitarra en mano, y apoyado por una banda de amigos en sol mayor.

Mis canciones, desde la lejana ‘Niña Isabel’ de 1957, han sido fecundadas por la historia nuestra y, todo junto, por mi propia historia: amores y luchas colectivas, amores y luchas personales. Cantos que son micromundos en que conviven los labios del yo con las manos del nosotros.

Ya estamos en el tramo final de este 2008, cuando mi madre pianista me hubiera sugerido de nuevo que no olvide mis canciones primeras y cuando mi padre guitarrista hubiera cumplido cien años, ambos en el mismo frente. El futuro me llama a pensar en las anaclaras y martinas y pablos, gurisitas y gurisitos, jóvenes que irán aportando nuevas lecturas, nuevos equilibrios sin red, nuevos riesgos en materia estética y ética, como parte de una concepción de la vida toda.

Un recorrido por el interior siempre nos enseña a ser mejores y nos obliga a evitar las letras mayúsculas y a cantar a ras de los otros, a ras de nuestra gente, sin festival, sin caer en la coronita del éxito, que a tantos logra hipnotizar o neutralizar.

Digo esto en un Uruguay que trata de cambiar y que ha dado pasos importantes hacia eso. Pero hay que redoblar sin retiradas, hay que profundizar los cambios, cumplir con todo lo que queda pendiente, cuidándose de la acechanza de olvidar principios o de ponerle números a la esperanza.

En este recorrido por parte del interior, vamos alzando simbólicamente el ejemplo de aquellos cañeros del norte y escribiendo en los muros que hay que resistir frente a la impunidad.

Terminaré nuestro viaje ­apenas musical, en este caso­ acá en Montevideo, en la ciudad en que nací».

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